Creo que nunca vi una muerte
que doliera a tantos por igual
de alguien al cual la mayoría
ni miró, ni tocó, ni sintió.
O sí
quizá es que sí nos miró
nos tocó
y le sentimos.
A través de su manera de ver
de escribir
y de entonar
las ruinas que todos guardamos.
Eterno Robe.