Ojalá todos fuéramos conscientes de lo importante que es tener empatía con los sentimientos de los demás. Tener la capacidad de decir: "Yo sé que eso le haría sentir mal, no lo haré" podría cambiar tantas cosas.
A medida que pasa el tiempo, más entiendo por qué la gente se sumerge en la jardinería, la repostería, la lectura y largos paseos. No porque la vida se volviera aburrida. Porque la paz se volvió valiosa.
Nuestra generación está tan convencida de que siempre habrá algo mejor, que terminó olvidando cómo cuidar lo que ya tiene. Se nos olvida que los vínculos no se encuentran, se construyen y se cuidan.