lo de mi país me tiene el corazón apachurrado y hoy lo que me obligó a salir de mi cama fueron unos budines que les prometí para mañana a mis compañeros de trabajo por mi cumpleaños
🇻🇪Cuando una nación atraviesa una tragedia como la que esta viviendo Venezuela⁰, lo que revela el verdadero rostro de una sociedad no es el desastre en sí, sino la manera en que responde ante el sufrimiento humano.
Mientras miles de venezolanos han removido escombros con sus propias manos, compartido el agua que les queda y abierto las puertas de sus hogares para ayudar a otros, también han surgido graves denuncias sobre los obstáculos y demoras que han impuesto el Régimen que afecta la llegada o el trabajo de algunos equipos de ayuda nacionales e internacionales lo que representa una realidad profundamente dolorosa.
La vida humana debería estar por encima de cualquier interés político, ideológico o burocrático. En una emergencia, cada minuto puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Ninguna estructura de poder debería convertirse en un obstáculo para la compasión.
Desde una mirada espiritual, una sociedad comienza a perder su rumbo cuando la indiferencia desplaza a la misericordia. El verdadero poder no consiste en controlar, sino en proteger; no en imponer, sino en servir. Cuando el sufrimiento ajeno deja de conmover, la conciencia colectiva se oscurece.
Pero, incluso en medio de esa oscuridad, el pueblo venezolano ha mostrado otra realidad: hombres y mujeres anónimos que han arriesgado su propia seguridad para salvar desconocidos, compartir alimentos, consolar a quienes lo han perdido todo y demostrar que la solidaridad sigue viva.
Las tragedias también revelan quiénes somos. Algunos levantan barreras; otros tienden la mano. Algunos buscan controlar; otros buscan salvar vidas.
Hoy más que nunca, Venezuela necesita oración, unidad y una profunda renovación de conciencia. Porque solo una conciencia guiada por el amor, la compasión y el respeto por la vida puede comenzar a sanar las heridas de un país que durante tantos años ha cargado tanto dolor.
Acá va una opinión polémica entre espiritualidad y consciencia social, complementar ambas facetas puede ser muy complicado.
El otro día en un círculo una chica comentó su dolor al ver los sucesos del mundo y cómo éstos pertubaban su tranquilidad espiritual y personal +