El tiempo no avisa.
Un día te despiertas y descubres que aquella canción ya es de hace diez años, que la ropa que tanto usabas duerme en un cajón y que las personas que creías eternas solo aparecen en fotos antiguas. Todo se mueve deprisa, como si alguien estuviera girando las páginas demasiado rápido.
Y ahí está la lección: no puedes detenerlo, pero sí elegir cómo vivirlo.
Quedarte un rato más en la mesa aunque el café se haya enfriado. Reírte tan fuerte que duela la barriga. Decir “te quiero” sin miedo al silencio de después. Guardar los mensajes bonitos y no las excusas.
La mayoría de la gente pasa casi toda su vida sin ser conscientes de que pasan “cosas”, siempre están pasando “cosas”.
Y esto es una de las lecciones que aprendí en mi primer año de bombero.
Ya llevo varios servicios así a mis espaldas, de vidas rotas, de desgracias e injusticias de carne y hueso, de piel y sangre, de lamentos y lágrimas sin consuelo…
No existe explicación, respuesta ni refugio para aquellos que se topan con la realidad de la vida, cuando descubren que eso que suelen ver en la televisión o en las noticias, eso que era “lo ajeno”, “lo de otros”, se topa contigo y te tritura de frente como si de un camión pasándote por encima se tratara.
Está anestesia hace que vivamos la vida en piloto automático, y cuando se desconecta, cuando tomamos contacto con la parte más cruel y trágica de un cisne negro, no nos lo podemos creer, “no podemos creernos que esto sea real, que nos esté pasando a nosotros”
Tenéis (tenemos) que entender que la vida, la realidad, no entiende de injusticias ni de desgracias, de eso solo entendemos nosotros. Y una de ellas puede tocarte de la forma más cruel, dura y despiadada que te puedas imaginar, que no os quepa ninguna duda.
Disfrutad de la vida, de vuestra pareja, de vuestros padres, amigos, allegados, disfrutad de ese regalo tan perfecto y bello que se nos ha dado en forma de préstamo (que es lo que son), y disfrutadlos siempre teniendo en la mente que en la vida, como digo, “pasan cosas”, y siempre seguirán pasando.
D.E.P.
No les pasa que, ¿ahora que son adultos y saben lo mucho que cuesta ganarse la vida, admiran mucho más a sus papás por cómo los sacaron adelante? Hay tanto que agradecer y retribuirles, que nunca será suficiente.
Hace poco leí -no recuerdo dónde ni el autor- que el síntoma más primario de felicidad es desear la repetición. Y es cierto, sucede con los restaurantes que te gustan, las personas que quieres, los libros que te marcaron, los viajes que hiciste. Uno siempre desea volver, repetir.
Y mientras discutimos por cosas que tal vez no merecen la pena, la VIDA nos recuerda que nuestro tiempo por aquí es limitado, y que ese tiempo hay que dedicarlo a lo que importa de verdad.