No se trata solo de quién tiene la información, sino de quién decide cómo se organiza, circula y se vuelve visible. Ahí es donde hoy se disputa el poder.
Hoy el poder pasa por los datos y los algoritmos.
Los datos son el recurso, los algoritmos deciden cómo se usan… y eso define qué vemos, qué sabemos y hasta qué oportunidades tenemos.
Por eso el problema no es solo tecnológico: es político y educativo.