Su cuenta se había estancado: decidió cerrarla. Fue haciendo,uno a uno,dolorosos unfollow. Lo último que alcanzó a leer,ya saliendo,fue un chiste de polisemia.
El primero, lo de no esperar la ocasión para abrir la botella sino que sea el vino el que cree el motivo.
El segundo, introducir un componente de azar en las decisiones.
...
Un tercero podría ser no escuchar consejos bienintencionados. No. Ni este siquiera.
Lo dejo, despues de cuatro años, entre meditado y de improviso. No sé exactamente porqué, es una de esas cosas que se deciden y se hacen. Gracias. Si nos volvemos a ver, ser�� de otra forma.
1811, en aquel Cádiz pre-pepa, machacado por los cañones franceses, comienza El asedio, de @perezreverte, novela que hace años me devolvió las ganas de leer.
Hoy la saqué de la biblioteca y siento las mismas ganas de entonces de no parar.
La señora examina, concienzuda, la cortina de decimos del escaparate de la administración de lotería, escarbando entre las posibilidades. Ni el mismo Laplace se lo pensó tanto...
Un amigo independentista me contó una vez en la Ronda Litoral de Barcelona que no se dice Lérida, y que tampoco se dice Lleida... sino que se dice Lleide.
Por rizar el rizo que no quede.
Esto pasa por existir los países.
¡A-na-cio-na-lis-mo (por ejemplo)!
Llevo unos catorce mil cuatrocientos tuit publicados.
Recuerdo cuando se dedicaba a alguien el tuit número cien, o el mil.
En 14.400 caben muchas tonterías dichas, y dividido por cuatro o cinco años, es para pensarselo.
El dueño del merendero de la lado de casa se los fuma con un bolígrafo y una libreta al lado. Y cuando despierta, pone en práctia lo que lee.
Ahora ha soltado una gallina entre las mesas. De mascota.
Y el caso es que funciona.