LIONEL SCALONI: “Mi papá venía de manejar 10 horas un camión lleno de piedras, y aún así se bajaba y me decía: ‘Vamos a entrenar, no hay tiempo que perder’.”
Tenía 13 años y vivía en Pujato, un pueblo donde nadie hablaba de Mundiales, pero yo soñaba con uno. Mi cancha era un garaje. Mi camiseta, la de Argentina, aunque jugara en Newell’s. Mi viejo no descansaba. Me llevaba a entrenar, me esperaba, y volvía a trabajar. Él tenía más hambre de fútbol que yo.
A los 17 debuté como profesional. A los 29, fui al Mundial. A los 44, gané uno como entrenador. Y ese día, cuando Montiel metió el penal, no pensé en la copa. Pensé en mi viejo, en el garaje, en ese niño que viajaba a dedo para perseguir un sueño.
Desde que ganamos, no recuerdo haber pagado una comida en Argentina. La gente me abraza, llora y me dice: “Nos hiciste felices.” Y cada vez que lo escucho, me repito algo: valió la pena, cada kilómetro, cada piedra, cada entrenamiento a oscuras."
Madurar es entender que, como adulto, llega un momento en el que dices: "Esta es la última vez que estas personas me van a hacer sentir así" y lo sostienes. Sea familia, pareja o amistad.
Les juro que el hombre que de verdad las ama se convierte en el ser más servicial, atento, detallista, amoroso y respetuoso del mundo. Si le comentas un problema, va a hacer todo lo posible por solucionarlo, te hace la vida más fácil, más feliz. Si no cambia, es porque no quiere.
me encanta cómo las mujeres les ponen plazos secretos a los hombres, si no actúa bien para julio, me voy, mientras tanto, él no sabe que solo le quedan dos semanas de sentencia