Que no te falle la memoria cuando quieras volver a buscarme, porque hubo un día en el que me viste destruida, llorando por ti, con el corazón hecho pedazos... y en vez de abrazarme, calmarme o siquiera preguntarme si estaba bien, decidiste ignorarme, irte y dejarme sola peleando contra lágrimas que nadie veía. Mientras yo me dormía llorando y despertaba con ansiedad, tú actuabas como si romperme no te hubiera costado nada. Y eso jamás se olvida. Porque uno puede perdonar muchas cosas, pero nunca la frialdad de quien te vio derrumbarte y aun así eligió darte la espalda.
Odio las mentiras. Pero lo que más me duele es la seguridad con la que creen que no voy a darme cuenta. Porque no hay nada más triste que sospechar algo, intentar ignorarlo y terminar confirmando que estabas en lo cierto.