Yo nunca he sido tibia. Si tiro la piedra, no escondo la mano, si digo algo, lo sostengo. Si alguien no me agrada y hablo mal de esa persona, seguro se lo merece. Si se meten con las personas que quiero, las defiendo, y si fui tibia con alguien, seguramente también lo merecía.
La mayoría de las mujeres no lloran por el hombre; lloran por ellas mismas, por el esfuerzo que dieron, la esperanza que tuvieron, la ilusión en la que cayeron y el recordatorio de que el amor no las ha recompensado.
una chica a mi lado habla con alguien por teléfono y le dice: “no me hagas sentir intensa por querer claridad”. Y no puedo dejar de pensar en cuántas veces me hicieron sentir que pedir lo básico era pedir de más