Por eso lo mejor es el llanto; agarras aire, expandes tus pulmones con fuerza, sacas esas lágrimas como sacando tu dolor, tu esfuerzo no visto, tu impotencia o ese amor con el que te tocó quedártelo y retomas, vuelves a encogerte, a volver a ti…
Entre el “me lo merezco” y el “tengo que ahorrar para la vejez”; entre el “tienes que vivir el hoy, porque el mañana no existe” y el “no te dejes llevar por tus impulsos”; entre el “cómetelo” y el “no seas una fácil”, estoy enloqueciendo.