Han pasado no sé cuántos años… las canas brotan; en la barba destellos plateados. En la pineal un constante retumbar, y en el pecho un vacío que ni él mismo puede llenar.
Hambriento de luz, divaga con una cruz estacada en el esternón. Y su boca, como del revolver su cañón, salen balas que atraviesan tejidos, carne, órgano y alas. La cordura lo abandonó. Igual que el recuerdo de aquello que no logró.