🎃 A propósito de Halloween uno de los fallos más bizarros de la jurisprudencia de EE. UU.
📌 En 1991, la Corte de Nueva York dictaminó textualmente que "como cuestión de derecho, la casa está embrujada" (as a matter of law, the house is haunted).
📌 El expediente se conoce como el "Ghostbusters Ruling" porque el mismísimo juez metió chistes de terror, citas de Hamlet y hasta el estribillo de los Cazafantasmas para justificar una sentencia técnicamente perfecta pero de temática paranormal. ⚖️👻
🏡 El lío empezó cuando una mujer vendió su mansión victoriana en Nyack ocultando que la propiedad tenía una reputación gigante de albergar poltergeists, un "detalle" que ella misma había promocionado y cobrado en revistas. El comprador se enteró por los vecinos y la demandó para deshacer el negocio. La Corte le dio la razón al comprador porque la regla estricta del caveat emptor (comprador cauteloso) no aplica si el vendedor te esconde un vicio oculto intangible que un inspector de estructuras común jamás podría detectar en una revisión normal. 🏛️📉
👁️👁️ El caso se estudia para analizar los límites de la buena fe contractual y el dolo por reticencia. El tribunal aplicó la doctrina del estoppel, es decir, que la vendedora no podía negar la existencia de los espíritus después de haber lucrado con ellos.
📌 Stambovsky v. Ackley, 169 A.D.2d 254, 572 N.Y.S.2d 672 (N.Y. App. Div. 1991)
"Satanás contemplando el Paraíso", un grabado realizado por el artista francés Gustave Doré en 1866. Fue creado para ilustrar el Libro IV de la monumental obra poética El paraíso perdido (Paradise Lost) de John Milton.
La imagen muestra a Satanás posado pensativo en la cima de un escarpado acantilado boscoso, dirigiendo su mirada hacia el vasto e idílico Jardín del Edén. Aunque originalmente los grabados de Doré se publicaron en blanco y negro, la versión que compartes ha sido coloreada digitalmente de forma posterior para resaltar el dramatismo del cielo y la vegetación.
El grabado capta con precisión el momento en que el protagonista trágico de la obra llega a las fronteras del Edén tras su largo y tortuoso viaje a través del Caos. En el poema lírico de John Milton, las líneas que inspiran esta composición describen cómo Satanás se detiene en la cima de un monte escarpado para contemplar, por primera vez, la belleza inmaculada del Paraíso terrenal. Este reencuentro con la luz y la perfección divina provoca en él una profunda crisis existencial. La majestuosidad del paisaje no le ofrece consuelo, sino que aviva su tormento interno y los celos hacia la nueva creación de Dios, recordándole de forma dolorosa la gloria celestial que él mismo perdió tras su rebelión y posterior caída a los abismos.
Desde una perspectiva formal y técnica, la obra es un testimonio del virtuosismo de Gustave Doré como ilustrador y del dominio absoluto de sus grabadores asociados en el taller de Louis-Paul-Amédée Pisan. Aunque comúnmente se les llama grabados, se realizaban mediante la técnica de la xilografía a contrafibra, utilizando bloques de madera de boj muy dura que permitían trazar líneas extremadamente finas y densas. Doré aprovechaba esta minuciosidad para construir un fuerte contraste dramático entre el cielo radiante y la densa penumbra del acantilado.
La silueta del ángel caído, pequeña en comparación con la inmensidad de la naturaleza, refuerza la escala sublime del escenario y proyecta una atmósfera de soledad y melancolía puramente romántica. La coloración posterior acentúa la dualidad de la escena, separando los tonos sombríos del abismo donde se encuentra la figura de los destellos celestiales que iluminan las nubes y el jardín al fondo.