Si algo le pido a la vida es dominar el arte de decir que no. Y decirlo siempre con respeto: no puedo, no quiero, no sé, en este momento no estoy disponible, no me hace feliz. Y hacerlo sin culpa, sin miedo, cerrando los ojos y durmiendo en paz.
La urgencia femenina de empatizar con tu mamá cuando creces.
Empiezas a verla como mujer y no solo como mamá, tratas de compensar por las veces que fuiste mala y dura con ella y empiezas a considerarla un ser admirable, volviéndose así tú mejor amiga.