Vengo a #España para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación. De hecho, su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad. #ViajeApostólico
Yo no sé vosotros, pero yo ya estoy contando los días para que llegue el 27 de agosto y conocer los rivales.
Allianz Arena, Parque de los Príncipes, San Siro de nuevo, Etihad o Emirates.
En alguno de esos estadios jugará el Real Betis Balompié. Se viene desplazamiento bonito.
Algunos celebran hoy el aniversario de la proclamación de la II República española.
La persecución contra la Iglesia hasta 1936 y durante la Guerra Civil le costó la vida a 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes, 283 monjas y a miles de católicos anónimos.
No olvidamos.
Heureux et dévoué Carême à tous les chrétiens du monde entier. Puisse cette période vous procurer courage, dévouement, amour et dévouement dans vos entreprises personnelles durant nos 40 jours tournés vers Dieu. AMEN
Sorteo chaqueta chándal retro del Real Betis Balompié (a elegir entre los dos modelos de las fotos).
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El fallido homenaje laico a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz ha sido un error de cálculo político y, sobre todo, una demostración más del dogmatismo inveterado del gobierno socialista y de su incapacidad para entender el país al que dice gobernar. La pretendida aconfesionalidad estatal no es más que el desarrollo institucional de una alergia selectiva a lo católico, un continuo desprecio a la fe mayoritaria en España.
No hace falta ser un fino sociólogo para prever que un "homenaje laico" a las víctimas no iba a entusiasmar a nadie. En un país donde la inmensa mayoría de los ciudadanos sigue identificándose cultural, emocional y, en muchos casos, religiosamente con el catolicismo, pretender borrar cualquier referencia espiritual solo traduce un fanatismo estatista tan ciego como peligroso. Especialmente cuando hablamos de tragedia, de muerte y de consuelo, ámbitos donde la tradición religiosa ha cumplido históricamente una función insustituible.
La hipocresía gubernamental resulta aún más hiriente cuando se observa la docilidad con la que el Ejecutivo de Pedro Sánchez atiende las demandas de la minoría musulmana en determinados territorios. La prohibición del cerdo en centros educativos públicos de Ceuta y Melilla, decidida por el Ministerio de Educación de Pilar Alegría, se presentó como un ejercicio de respeto cultural. Curiosa coherencia: lo que se niega a la mayoría católica se concede sin reparos a la minoría musulmana.
La izquierda presume de pluralismo pero practica una laicidad militante solo cuando se trata del catolicismo. Invocan continuamentr a las mayorías para legitimarse, pero las ignora cuando esas mayorías expresan una identidad religiosa incómoda para el relato oficial. El homenaje oficial a las víctimas, aplazado sine die, materializa la distancia, el abismo insondable que separa a los ciudadanos de aquellos que solo representan a sus propios intereses.
En El Salvador solo les importó los DDHH cuando Bukele decidió poner fin al crimen.
En Argentina solo les importó la inflación y la pobreza cuando llegó Milei a acabar con ella.
En Venezuela solo les importó el derecho internacional cuando capturaron a Maduro
El socialismo es un cáncer y una enfermedad del alma.
Vallecas es un campo que recientemente nos trae muy buenos recuerdos a todos los béticos (especialmente por aquella semifinal de Copa) pero en mi caso siempre que pienso en Vallecas mi mente viaja directamente a abril de 2014. Por aquella época vivía en Madrid y como es lógico hacía todo lo posible y más por ir a todos los partidos que el Betis disputaba en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, aquella semana del 20 de abril me surgieron dudas. Llegaba a Vallecas un Betis descendido y que venía de perder el derbi en la jornada anterior. No había absolutamente nada en juego. Era la fatídica temporada de los 25 puntos.
Como decía, ese día me planteé seriamente si merecía la pena pagar mi entrada e ir a ver al Betis. Tenía la opción verlo tranquilamente en la tele o incluso no verlo directamente y así conseguir que aquellos jugadores influenciasen mi domingo lo menos posible. Pero, no sé muy bien por qué, finalmente decidí ir. No esperaba nada del partido, no había nada que conseguir o por lo que pelear. Pero algo me decía que debía estar allí. Me puse mi camiseta del Betis, cogí el metro y me planté en Vallecas para presenciar cómo se consumaba el descenso del Betis. Mi sorpresa cuando llegué al estadio es que no era ni mucho menos el único que vestía la camiseta del Betis. Y fue en ese momento cuando supe que había tomado la decisión correcta. Confirmé que el Betis no entiende de coyunturas concretas ni de jugadores pasajeros. Confirmé que el Betis es infinitamente más grande que todo eso. Confirmé que al Betis, pase lo que pase, no se le deja solo jamás.
Echando la vista atrás me siento muy orgulloso de haber estado allí. Y todavía me siento más orgulloso de no haber estado solo en aquella grada. El Betis, como era lógico por aquella época, perdió. Y yo me volví a mi casa, cabizbajo y cabreado con la vida, sin saber que aquel día lo iba a recordar para siempre como el día en el que me prometí a mí mismo que jamás dejaría solo al Betis. Para mí Vallecas siempre será aquel momento y aquella decisión.
Si alguien ha leído este tocho y ha llegado hasta el final, muchas gracias. Viva el Betis.
@ChatarraMax@Carmonax_03@JoseCarrasco_98 Vaya dos papanatas, con la que esta cayendo en este pais y vosotros aqui debatiendo sobre estupideces, que desastre de juventud.