Cómo se siente ver a todo el mundo enamorarse mientras tú estás aquí tratando de entenderte a ti mismo y convertirte discretamente en una mejor persona.
Voy a decir algo que no gustará a algunos managers, jefes y directivos, y es que ir a la oficina, como forma de vida, no es sano ni beneficioso para las personas, ni psicológica ni físicamente, y a menos que sea necesario por la naturaleza física del trabajo, no debería ser una norma.
Las personas somos seres sociales, por lo que obligarnos a estar 8 horas en un edificio corporativo interrumpe una necesidad humana profunda: el equilibrio entre nuestra faceta profesional y la personal. Y, a menudo, la oficina nos aleja del principal espacio de socialización auténtica que deberíamos conservar: nuestra familia y nuestros amigos.
No nos engañemos. En muchos casos, sí se trata de cumplir horarios, de calentar la silla y de justificar el alquiler de edificios caros bajo eslóganes corporativos. Se trata de una cuestión de control. Ante la creciente crisis de salud mental y estrés, con cada vez menos tiempo libre, el agotamiento se convierte en un riesgo real si no salimos de esa rueda de hámster de "casa-trabajo-casa".
Y los atascos, el transporte público abarrotado y la comida de tupper, que ofrecen una calidad de vida simulada, están profundizando este vacío.
La oficina es una herramienta y puede ser práctica, pero la desconexión de tu propia vida personal es dañina. Por eso, el simple hecho de trabajar desde casa y ganar dos horas de vida al día puede marcar la diferencia: desayunar con tus hijos sin prisa, comer comida recién hecha, poder ir al gimnasio a mediodía o simplemente descansar en silencio. Eso es cuidar al ser humano.
Y no olvidemos un dato clave: se ha demostrado que se puede ser igual o incluso más productivos desde casa.
Los seres humanos no estamos hechos para vivir en el tráfico ni bajo luces fluorescentes. La "cultura de oficina" se ha sobrevalorado y es hora de que las personas y las empresas empiecen a darse cuenta de sus consecuencias en nuestra salud y tiempo.
Mi propósito para el 2026 es descubrir urgentemente mi papel aquí en la tierra.
No es posible que haya nacido solo para trabajar, pagar deudas, engordar y siempre tener sueño.
He notado que las personas más rotas suelen ser las que más consuelan. Como si conocer la oscuridad les diera herramientas para alumbrar a otros. Curan con las mismas manos que aún intentan sanarse.