El amor propio no es solo éxito y fortaleza; es tener el valor de quitarse la armadura y abrazar el propio cansancio.
Es entender que tu valor no reside en lo que haces, sino en la esencia de lo que eres.
A veces, el acto más humano y valiente es simplemente permitirse ser.
Quiero cabalgar tu cuerpo
y fundirme en tu silueta.
Recorrerlo a paso lento
que solo tu alma me sienta.
Aspirar el rico aroma de tu piel estremecida
por una tierna caricia de mi mano bendecida.