Funny how Messi’s football career has involved tax fraud, the Negreira Barcelona case, FIFA backing, match robberies, controversial awards, rigged trophies, substance for growth hormone, favoritism, and FIFA protection.
And people still think he should be included in the top 5 greatest players of all time? Never.
Hay que mantener este video del robo a Egipto 🇪🇬, por siempre, rolando en todas nuestras redes.
El mundo está hasta la madre de la mafia y corrupción de la @FIFAWorldCup
Ya estuvo bueno de que nos quieran ver la cara.
¡Pendejos, ellos!
#mundialdefútbol2026
Many millions of people all over the world,
who have each actually watched the matches,
have come independently to the conclusion that there is a systematic officiating bias that favours Argentina.
We are all told to disbelieve our own eyes.
Does Argentina have a history of cheating at the World Cup and getting away with it?
1. 1986: hand of God proclaimed by coke head Maradona, as he celebrated right after using his hand to score against England
2. 2022: hand of the rat by Zionist Lionel Messi when Van Dijk realized that the 2022 World Cup was RIGGED for Messi and Argentina.
3. And they left nothing to chance in 2026 when Egypt clearly got robbed thanks to kosher referee and friend of Messi François Letexier!
Messi’s boy and war criminal in chief Netanyahu is also supporting the anointed team Argentina.
Boycott goyball!
Comparto este video porque invita a una reflexión que va mucho más allá de una sola jugada. El deporte despierta emociones genuinas, representa el esfuerzo extraordinario de las y los atletas y tiene la capacidad de unir a los pueblos. Esa dimensión humana merece siempre nuestro reconocimiento y admiración.
Sin embargo, también es legítimo preguntarnos, como parte de esa emoción pero con lucidez, qué ocurre cuando el deporte queda subordinado a intereses corporativos y económicos. Decisiones arbitrales polémicas, patrocinios de empresas cuyos productos generan graves problemas de salud pública y una creciente mercantilización del espectáculo alimentan interrogantes que no deberían desestimarse.
No corresponde extraer conclusiones definitivas a partir de una sola jugada o atribuir intenciones sin evidencia. Pero sí vale la pena preguntarnos: ¿quién define hoy las reglas del gran espectáculo deportivo?, ¿a quién benefician determinadas decisiones?, ¿cómo se preserva la confianza de millones de personas cuando existen percepciones de falta de transparencia y objetividad?
Con esas interrogantes, quizá ha llegado el momento de abrir un debate sobre la necesidad de transitar de una gobernanza predominantemente corporativa hacia una gobernabilidad más ciudadana y democrática del deporte, donde las y los deportistas, las aficiones y las propias naciones tengan una voz más relevante. Un modelo donde prevalezcan el sentido social del deporte, por encima de los intereses comerciales.
Vale la pena seguir impulsando esta conversación, porque el fútbol pertenece, ante todo, a la gente. Por ello, es indispensable defender su integridad, la transparencia de sus instituciones y la congruencia ética de quienes lo organizan y patrocinan. Que el deporte siga siendo un espacio de encuentro, alegría y fraternidad, y no únicamente un vehículo para la expansión de intereses económicos.