La toga se usa desde la Antigua Roma, pero Maclovio dice que es neoliberal. Muy apropiado para un mercachifle de la grilla disfrazado de indígena que no es un jurista.
Aunque para todo efecto práctico la nueva corte sea una carpa y no una institución republicana, la toga es importante porque simboliza autoridad que viene de la Constitución y neutralidad como obligación de todo impartidor de justicia. Un tribunal no es un espacio de expresión personal ni de representación política ni ideológica. Por eso la toga cuenta.
En ese espacio no es un representante indígena; en tiempos normales sería un ministro con ciertas obligaciones constitucionales y legales. Sus preferencias y su origen no son relevantes. La toga precisamente es para uniformar y anular las individualidades: todos son emisarios de la ley y la justicia y ya. Ni más ni menos.
Así ha sido desde hace siglos. Hasta que llegó un tipo que se siente especial a proclamar que las reglas no le aplican y se supone que todos tenemos que estar de acuerdo porque «es indígena». Va a ser que no, chato. Benito Juárez te está juzgando desde la tumba.
Luisito Comunica está llevando el tema de Teuchitlán a terrenos donde los políticos y el CO no se sienten cómodos porque no lo pueden controlar; la supercarretera de la información.
Más que el cinismo y la impunidad, duelen la burla, la mentira descarada y la sonrisa indolente. Ahí están sus masacres. Como anillo al dedo. Me canso, ganso. La andresmanuelización de la política ha sido completada con éxito. En 2018 se acabó el país, nomás no lo quisieron ver.
La imagen no es estúpida, sino algo peor: pretende combatir resentimiento con más resentimiento.
Jamás he tomado una decisión que me enorgullezca desde el enojo.
Si en el mundo no hay justicia, yo puedo ser justo. Si ya no existen los buenos amigos, yo puedo ser un buen amigo. Si en México no hay compasión, yo puedo dar compasión.
Cambiar al mundo es imposible. Pero sí podemos comenzar a cambiarlo.