Aún no descifro porqué, pero sé que es mi camino, porque mis ojos ahora ven lo que no veían, mi boca por fin calla, incluso el silencio escuchan mis oídos.
Protégeme Dios mío de esta maldad que cada vez me hace menos compadecido de la gente mala, de los que abusan, de los que no merecen nada bueno en esta vida.
Gracias Dios mío por esta fortaleza, tú me enseñas todos los días que contigo no me hace falta nada.
Te seguiré pidiendo muchas ganas, tú sabes que nada ni nadie puede tumbarme, tú sabes perfectamente lo que estoy pasando y acepto lo que me pones.
Jamas me voy a rendir.