El problema de este planteamiento no es que sea falso en lo que denuncia (sí hay presión y coacción masculina). El problema es que sigue siendo un falso dilema.
Aunque el hombre esté de acuerdo, aunque chantajee o incluso ejerza violencia, el aborto no deja de ser lo que es: la eliminación deliberada de un ser humano en desarrollo. Reducir la discusión a “quién tiene la última palabra” presupone ya que el no nacido no tiene estatuto moral propio, y que por tanto es legítimo decidir sobre su vida.
El aborto nos concierne a todos precisamente porque obliga a responder a una pregunta anterior a cualquier autonomía individual o de pareja: ¿qué es el ser humano y cuáles son sus derechos inherentes, independientemente del lugar, del momento del desarrollo o del deseo de terceros?
@mariaelisasmith El maíz no achica ni embrutece. La talla la marcan genes y nutrición infantil. La obesidad actual, ultraprocesados, no tortillas. Nixtamalizado es seguro; el daño viene de dietas monótonas y pobres en proteína (igual que con trigo). Importa la dieta completa, no el grano.
@lasanmiguel Esa es exactamente la trampa de la resbaladilla.
Una vez que nos tomamos la libertad de mover la línea, nada nos detiene para volver a moverla.
Porque convertimos en relativo lo que debiera ser absoluto: la definición de qué es ser humano.
Toda sociedad se sostiene sobre dogmas: verdades que no se votan cada mañana. Sin ellas volvemos a las tribus.
El problema no es tener dogmas, sino cuáles son verdaderos.
Afirmar que un niño “nace en el cuerpo equivocado” es un dogma metafísico impuesto por el Estado. Eso sí es adoctrinamiento.
Somos sociales, pero no dejamos de ser personas. El Estado que te trata como factor de producción o unidad de consumo te quita la dignidad para sostenerse. En el socialismo eso es sistémico: niega la propiedad y no hay salida. El liberalismo salvaje también cosifica, pero admite un gobierno que respete el derecho natural. El otro, no.
Aquí se vuelve a fallar: se generaliza y se desprecia a la mitad de la humanidad.
El aborto no es un asunto de “quién gestó”. Es una cuestión decisiva para todos porque se juega la definición misma de ser humano y los derechos inherentes a los miembros de la especie. Es infinitamente más trascendental que una pensión alimenticia.
Si podemos fijar el inicio de la humanidad por la capacidad de vivir fuera del vientre, mañana podemos fijarla por cualquier otro criterio de conveniencia. Y con los votos suficientes, cualquiera puede dejar de ser humano.
Ahí se acaba la humanidad.
@Chewing_Cardio El mal no se mide por el sexo de quien lo comete.
Matar a tres niños (5, 3 y 8 meses) es un acto objetivamente atroz.
La responsabilidad es de quien lo hizo, no de un colectivo.
Ni el género ni el relato de victimización cambian el hecho.
Lo que hay que evitar es la doble tributación del mismo capital.
Mientras la empresa reinvierte, ese dinero aún no ha salido al consumo del dueño. Gravarlo primero como sociedad y después como dividendo penaliza el ahorro y la inversión.
O se cobra a la empresa y se exime al dueño, o se cobra solo cuando el dueño dispone del dinero. Las dos cosas a la vez distorsionan.
@Malii__66@batallan_lupe Sí, la paternidad ha cambiado, y para bien.
Ya no se acepta que los hijos pasen hambre o dejen de estudiar a los seis años, y eso es valioso.
Pero el riesgo de ir demasiado lejos en el otro extremo es que se convierta en un estándar tan alto que casi nadie se anime a empezar.
Jesús es judío en su humanidad, y eso es importante. Pero es Dios hecho hombre. Reducirlo únicamente a una categoría religiosa es limitar lo que Él mismo reveló de sí.
Les habló a judíos de un tiempo y un espacio concretos. Y cuando explicó el tema que hoy nos divide (Juan 6), muchos se fueron porque no entendían. Los apóstoles tampoco entendieron del todo. Pedro, impulsado por el Espíritu Santo, respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna». No se quedaron porque lo comprendieran perfectamente; se quedaron por fe. Y eso es lo que transmitieron.
Pablo lo deja claro en 1 Corintios.
No es mi intención convertirte al catolicismo ni debatir teología protestante. Mi intención es acercarme a Dios a través de la Fe y de la Gracia.
Que Dios nos bendiga y nos acompañe en el camino.
No.
En la Última Cena Jesús no se cortó la carne ni se abrió las venas. Tomó pan y vino y, por la autoridad de su palabra, declaró: “Esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre”.
El mismo Jesús que multiplica panes, camina sobre el agua y resucita muertos, puede hacer que el pan y el vino se conviertan realmente en su Cuerpo y su Sangre sin dejar de parecer pan y vino. Eso es lo que la Iglesia llama misterio de la transubstanciación. No es magia medieval: es la misma lógica de la Encarnación. Si Dios puede hacerse hombre sin dejar de ser Dios, también puede darse como alimento bajo las apariencias del pan y del vino.
Tú lees Juan 6 y concluyes que tiene que ser símbolo porque el realismo te resulta escandaloso. Yo leo el mismo texto (especialmente el cambio de phágō a trṓgō y el uso de sárx) y concluyo que Jesús no estaba hablando en metáfora. Los discípulos que se fueron aquella tarde entendieron exactamente lo mismo: que hablaba en serio.
Y Él los dejó ir.
Al final no es un problema de griego ni de Padres de la Iglesia. Es un problema de premisa:
¿Crees que Jesús puede hacer lo que dice, o no?
Yo creo que sí. Tú no.
Que la Paz de Cristo esté contigo.
@monerorape Los conceptos de libertad, democracia y justicia no son propiedad de nadie. Son principios universales. El problema no es quién los nombra, sino quién los practica de verdad.
@DANIELCUEVAS25@hemadera Satanás también dijo “está escrito”.
La diferencia no es si se cita o no la Biblia.
La diferencia es quién tiene autoridad para interpretarla.
Juan 6 no admite lectura simbólica si se lee en griego.
Jesús empieza con phágō («comer»). Cuando la gente se escandaliza, no suaviza: cambia a trṓgō («masticar, roer, triturar con los dientes»).
Usa trṓgō cuatro veces seguidas (vv. 54, 56, 57, 58). Ese verbo nunca se emplea en el Nuevo Testamento ni en el griego clásico como metáfora de «creer» o «aceptar espiritualmente». Es el verbo de comer real, físico, con la boca.
Además dice sárx («carne»), no sṓma («cuerpo»). Y cuando muchos discípulos se van porque «este lenguaje es duro» (v. 60), Jesús no corrige: «¿Esto os escandaliza?» y deja que se marchen. Si fuera símbolo, era el momento perfecto de aclararlo. No lo hace.
El griego es inequívoco: comer su carne y beber su sangre de forma real. Quien lo niega no está discutiendo con la tradición católica; está discutiendo con el texto mismo.
@MarkDeReborn11 Si entras a un templo católico, te doy buenas noticias: Dios sí está ahí. En el Santísimo Sacramento del Altar te espera, real y presente, listo para escucharte. Se quedó aquí por ti.
Lula pide que la hija de la empleada y el hijo del patrón partan iguales. Eso no se logra solo quitando barreras. Hay que igualar las circunstancias de las familias. Y eso, en la práctica, casi siempre se hace nivelando hacia abajo. En la abundancia es imposible; en la pobreza, sí.
@UnamunoAgain La democracia solo funcionó mientras el votante era selecto y educado. Con el sufragio universal y la política de masas se reveló la falla: el concurso de popularidad. El fascismo no fue excepción, fue síntoma. Seguimos conteniendo el problema, no resolviéndolo.