A medida que uno envejece, se da cuenta cada vez más de que la verdadera felicidad se compone de mañanas tranquilas, un entorno limpio, acostarse temprano, un hogar seguro y personas que no te agoten la energía...
Me esconderé en mi mundo, y de la forma más egoísta posible, no quiero que nadie vuelva a saber lo que es abrazarme, sentir mi aroma, agarrar mi mano o conocer mi lado vulnerable.