No podemos parar el tiempo, pero sí detenernos en un momento, grabarlo para siempre y convertirlo en un lugar al que volver. Esa es nuestra manera de parar el tiempo.
No es controlar los pensamientos, es aprender a modificar la forma en la que te relacionas con ellos. Es aprender a experimentarlos de modo que tengan menor impacto y disminuya la influencia que tienen en tu vida.
Aunque muchas veces estés convencido de que eres la emoción que sientes o el pensamiento que piensas, eres mucho más que eso. Eres la persona que las siente y la que los piensa. Y la que va a decidir qué hacer con todo ello.
El tiempo sí cura, pero solamente lo hace cuando te lo dedicas a ti, cuando te esfuerzas por verte y sentirte mejor, cuando haces ese viaje que tanto posponías, cuando lees, bailas, cantas, cuando intentas cosas nuevas y empiezas a sonreír por ti. Ahí es cuando el tiempo actúa.
Me llevó mucho tiempo entender que, aunque sepamos cuidarnos solos y seamos independientes, habrá días en los que desearemos que alguien nos escuche y nos dé un abrazo para aliviar todo lo que sentimos. No siempre seremos tan fuertes para soportar tanto peso solos y está bien.
Hay una tendencia a creer que si algo fuera tan importante harías algo para conseguirlo, que si algo de verdad te importa te moverás hacia allá. Y no. Los caminos que frenan hacia aquello que queremos son infinitos. Puedes querer mucho algo y no hacer nada en esa dirección.