@LugarCinema Cinema Paradiso se queda por esa mezcla de infancia, cine, pérdida y regreso.
La ves y acabas pensando en salas que ya no existen, en gente que se fue y en todo lo que nos enseñó a mirar.
@JoseVteMartinez No sé si lo entiendo del todo, y quizá por eso me gusta.
Hay algo en ese cuadrado rojo que me obliga a mirar dos veces. El cuadro no explica nada. Solo está ahí, y basta.
En algunas exposiciones uno no sabe muy bien si está mirando una obra o entrando en ella.
Me gusta esa sensación.
Durante unos minutos, el museo deja de ser un lugar donde se explican cosas y se convierte en un sitio donde simplemente estás.
Algunas portadas envejecen mejor que muchos discursos.
Supertramp la publicó en 1975, pero esa imagen de alguien tomando el sol mientras todo arde detrás sigue resultando extrañamente familiar.
"Crisis? What Crisis?"
Quizá el título nunca fue una pregunta.
@MultiversoTM Star Wars: Una nueva esperanza, por lo que tuvo de asombro puro.
Y Blade Runner, por lo contrario: porque no mira al futuro con entusiasmo, sino con una tristeza preciosa.
Una te abre el universo.
La otra te deja solo dentro de él.
@LugarCinema La he visto varias veces y siempre me pasa lo mismo: empiezo pensando en los gánsteres y termino acordándome de Sean Connery.
Tiene escenas enormes, pero también personajes que se quedan contigo muchos años después.
@LugarCinema Tres es casi imposible, pero hoy diría:
La double vie de Véronique
Amélie
Les quatre cents coups
No sé si son “las mejores”, pero sí tres películas que dejan algo muy francés: belleza, melancolía y esa sensación de que la vida interior también merece una cámara.
Escuchar a Coltrane siempre me deja la misma sensación: que no estaba tocando para quedar bien.
Había algo en su saxo que parecía necesidad.
Como si cada nota tuviera que salir porque, si no salía, se quedaba dentro haciendo daño.
Hay canciones que no envejecen porque nunca quisieron demostrar nada.
“Everywhere” entra casi de puntillas y, cuando te das cuenta, ya estás dentro.
Qué manera tan limpia tenía Christine McVie de hacer que el amor sonara luminoso sin volverse cursi.
Ayer me encontré con José Madero después de mucho tiempo.
Para muchos de Manises, su nombre está unido a KU Manises y a una forma de vivir la noche que ya pertenece a otro tiempo.
El edificio ya no existe.
Pero a veces no vuelve un sitio.
Vuelve alguien.
Hay lugares que uno cree conocer.
El Miguelete, la Catedral, la Plaza de la Virgen.
Pasamos por allí tantas veces que casi dejamos de mirar.
Y aun así, si uno se detiene un poco,
Valencia vuelve a empezar.
Kandinsky no pinta un tejido.
Pinta esa sensación extraña de que todo está conectado por líneas que no vemos: color, ritmo, pensamiento, ruido, silencio.
Parece geometría.
Pero si te quedas un poco más, empieza a sonar.