Es muy importante, fundamental, que no tengamos tiempo. Tiempo para pensar, tiempo para esperar, tiempo para relajarse, educar y gestar decisiones. Por eso tantas tareas absurdas en tantos trabajos improductivos. El tiempo es oro y el oro tiene que ser para los mismos de siempre.
Entonces todos sabían de Dios; pero ese tiempo pasó. Luego, todos sabían de fútbol y ese tiempo pasó. Luego, todos sabían de fotografía y ese tiempo pasó. Ahora todos saben de psicología en un tiempo que pasará. Qué nuevas supersticiones nos esperan aún, brillantes como azúcar.
Quizá haya sido la última vez que recuerde cómo sabían las natillas con canela de mi abuela o el chándal que usaba mi padre aquel año para salir a montar en bici conmigo. Después, cuando el olvido devore el instante, será como si nunca hubiera ocurrido.
Evidencia palpable. Contraargumento retórico porque tal. Recontraargumento retórico desesperado, tópico y simplón. Falacia automática al canto y fin de la partida por idiotez supina. Otra de calamares. Y una vez más la evidencia abandonada en la estación.