Y cuando les pregunten “¿Quién salvó la universidad pública del país?”.
Recuerden que fueron los estudiantes, los jóvenes, los docentes, las personas indígenas y que ningún político hizo nada.
En Guatemala, llegar a la educación superior no es normal, es un privilegio. Por eso la Usac importa tanto, porque ha sido la puerta de miles que no heredaron nada, salvo ganas de salir adelante. Ver cómo parásitos la destruyen, indigna.