@brezhneviano En mi departamento hay dos opciones:
1) te descalzas
2) te pones botitas descartables que cubren el calzado.
La mayoría opta por la opción 1 sin drama.
Dice Nielsen que es una pena q franco no haya conseguido el podio y que seguiran evaluando su desarrollo, pero no es momento de hacerlo porq tiene q ir a ver Brasil-Noruega
Terminé el directo. Lo de hoy ha sido una mofa, sin más. Es un insulto que la FIA ni siquiera se digne a abrir una investigación para revisar los datos con calma.
Ven que Russell levanta el pie antes de la curva 9 y ya con ese gestito les sirve. Y resulta que, llegados al vértice (sin todavía pasar al coche de Verstappen) pasa a la MISMA velocidad. Porque sí, levanta más, pero también frena menos y por tanto la reducción de velocidad es nula.
El documento de estándares de conducción recomienda una reducción del 5%. Aquí nada de nada: por mucho que reduzcas antes, si pasas por el punto clave a la misma velocidad, ¿qué reducción es esa?
Luego está el hecho de que un accidente como ese solo haga sacar una sola bandera amarilla. Doble bandera amarilla o bandera roja sería lo suyo. Luego, bien que han hecho el paripé de sacar doble bandera amarilla para retirarle las vueltas de retorno a boxes a todos. O sea, es vital sacar doble bandera cuando todos van a medio gas regresando al pit lane, pero cuando alguien viene al límite, una bandera solo. Ok.
Este es el problema de sancionar sin ninguna ciencia detrás. Sancionar por apariencias. Hace dos semanas, Colapinto pasó a la misma velocidad que Russell bajo bandera amarilla y a uno le metieron 10 segundos y al otro ni le investigaron. Adivinad quién no fue el sancionado. "No redujo lo suficiente" como justificación. ¿Qué es "lo suficiente"? ¿Cómo se cuantifica la suficiencia?
Y el tema es que la información está ahí, la telemetría no engaña: solo hay que querer revisarla. En otras sanciones hablan de comparar una vuelta con otra para ver si redujo o no. En este caso era tan fácil como comparar con su primer intento de Q3 para ver que no perdió más de media décima.
¿Y qué pensará Antonelli, que sí abortó su vuelta tras ver el accidente? Que pecó de inexperiencia, dice. A la próxima bandera amarilla que vea, empezará a pasársela por el forro e ir más al límite. Esto es lo que logra la FIA con estas cosas: si no hay castigos como Dios manda, se incentiva a que la gente ignore banderas. Y el día que pase algo, culpa del piloto por no levantar. Muy bien.
@empaladosok@edufeiok No Feinmann, el mismo Bielsa dice que es un fracasado, que si miras su cv no ganó nada.
En lo que todos estamos de acuerdo es que sos un pelotudo.
@franbrizzz@fabipa90 A unos amigos (repartidores de distribuidora) se les rompió el camión en pleno recorrido, habían ido antes a laburar para llegar a ver el partido
Ahora es todo llanto y disculpas. Pero hay algo más grave que venían haciendo. Es tratar de demonizar y tratar de desclasados a los jugadores desde un púlpito, “los dueños de la moral”. Tratándonos de ignorantes y desmemoriados que no merecemos progresar. Solo Ellos pueden…
Carta abierta al Presidente de la Nación.
Señor Presidente:
Le escribo no como un dirigente político, sino como lo que soy hoy: un ciudadano del sector privado. Uno más de los millones de argentinos que producen, que generan trabajo, que arriesgan su capital todos los días y que en su momento decidieron acompañar un cambio que parecía imposible.
Le escribo justamente porque creo en el modelo económico y las reformas que su gobierno está llevando adelante. Y porque creo en él, no puedo quedarme callado ante lo que está pasando. Confío en el cambio cultural que decidimos encarar los argentinos.
Hay una situación que usted conoce mejor que nadie y que no necesito nombrar. Una situación que viene desgastando al gobierno desde hace meses: ocupa la agenda, tapa los logros y erosiona lo más valioso que tiene este proyecto, que es la palabra. Los argentinos no votaron solamente números. Votaron la promesa de terminar con los privilegios, con los acomodos y con la idea de que hay funcionarios que están por encima del resto. Ese fue el contrato. Y ese contrato hoy se está poniendo en duda.
Acá está el punto que quiero dejarle, con todo el respeto: este proyecto no es suyo. No le pertenece a una persona, ni a una familia, ni a un círculo de confianza. Este proyecto es de la enorme mayoría de los argentinos que decidimos, democráticamente y en las urnas, dejar atrás décadas de malos hábitos. Usted es el representante de ese cambio y el principal responsable de cuidarlo. Pero no es su dueño. Y cuidarlo, muchas veces, significa tomar decisiones que duelen.
Porque las ideas y los proyectos valen más que cualquier relación personal o familiar que un presidente pueda tener. Más que cualquier afecto, cualquier lealtad y cualquier confianza individual, como la que en algún momento tuve en usted. El día que una relación personal pesa más que la coherencia del proyecto, el proyecto empieza a morir por dentro, aunque la economía siga funcionando.
Se lo digo con autoridad moral, porque a mí me tocó vivirlo del otro lado. Fui de los que fundó este espacio. Lo construí desde el principio, cuando casi nadie creía. Y un día me sacaron, de manera unilateral, sin preaviso, a través de un tuit, con excusas ridículas. Me dolió, claro que me dolió. Pero supe callar. No salí a romper nada, no le hice daño al proyecto y no me convertí en bandera de la oposición. Entendí que el proyecto era más grande que yo, y que mi orgullo personal no podía estar por encima de lo que millones de personas estaban esperando.
Si esa misma vara se aplicó conmigo —un fundador, apartado injustamente—, lo único que pido hoy es que se aplique con la misma firmeza con cualquier funcionario. Sin distinciones, sin blindajes y sin excepciones por cercanía. La coherencia no se reclama solo cuando es cómoda.
No le pido que me dé la razón. Le pido que tome la decisión que corresponde. La que cuida el modelo, la que protege la palabra empeñada y la que le devuelve al gobierno la fuerza moral que le dieron los argentinos.
Este cambio es más grande que cualquiera de nosotros. Más grande que yo, que ya lo viví en carne propia. Y más grande, también, que usted, Señor Presidente. Cuidarlo es su responsabilidad. Y todavía está a tiempo.
Con respeto, y con la sinceridad de quien quiere que esto salga bien,
Ramiro Marra.