Gracias por hacerme feliz, Gustavo.
Gracias por enseñarnos que todos juntos es más fácil.
Gracias por defender el escudo como lo hubiese defendido yo.
Ojalá algún día tengas tu último baile, y si eso no llega, yo jamás te voy a olvidar.
¿A dónde fue el pasado que no volverá?
¿A dónde fue tu risa que me hacía volar?
¿Dónde quedó la llave de nuestra ilusión?
¿A dónde la alegría de tu corazón?