Esto es una tremenda injusticia hacia los que no tuvimos nada que ver y que somos los que vamos a pagar el pato de la boda. Quienes estuvieron en el MGAP y en el BCU desde el primer damnificado hasta ahora son los que deberían responder con su patrimonio personal. Repostéenlo.
Un triángulo verde con vacas
Parece un país manso, Uruguay. Termos bajo el brazo y un mar que no decide si es río o cementerio. Desde afuera se lo vende como excepción civilizada del sur: democrático, laico, ordenado. Desde adentro, sin embargo, se parece más a una habitación sin ventanas.
Pero antes de hablar del país, conviene mirar el mapa. No el político, sino el estadístico, que suele ser más cruel y mucho más honesto. Cada año, en el mundo, más de setecientas mil personas deciden fugarse al huerto de los callados. Traducido a números fríos: unas nueve muertes por suicidio cada cien mil habitantes.
En América el panorama es peor. Es la única región del planeta donde las tasas no bajan, sino que suben, sobre todo después de la pandemia. Cerca de cien mil personas por año. Y en medio de ese continente, aparece Uruguay con cifras que desentonan.
Más de veinte suicidios cada cien mil habitantes. Más del doble del promedio mundial. Muy por encima de la media americana. No es un país pobre, ni en guerra, ni devastado por catástrofes. Es, justamente, lo contrario. Y ahí está la paradoja: mientras el mundo se desangra en el caos, Uruguay se apaga en calma.
No es un accidente estadístico. Es un síntoma. Un síntoma social profundo, estructural. Algo en la textura misma de este país que empuja hacia adentro, que repliega, que erosiona. Para empezar todos se conocen o creen conocerse. Las oportunidades son pocas y circulan siempre por las mismas manos, con los mismos apellidos. El talento no alcanza: necesita permiso. Y el permiso casi nunca llega. El que quiere crecer tiene dos opciones: adaptarse a la mediocridad consensuada o irse.
La población envejece, y no solo en términos demográficos. Envejece el ánimo. Envejecen las ideas. Envejece la conversación pública. El país mira hacia atrás con una mezcla de nostalgia y orgullo rancio, como si el pasado inventado por los historiadores del tedio —Artigas, el Estado benefactor, la Suiza de América, la resistencia a la Dictadura— fuera una cuenta bancaria moral de la que aún se puede vivir.
A eso se suma el panóptico social. Uruguay es chico, y en los países chicos la vigilancia es íntima. El control no es brutal, es sutil: una ceja levantada, un comentario irónico, un “acá siempre se hizo así”. El que se sale del molde paga con aislamiento. Y el aislamiento, prolongado, es dinamita para la cabeza. Pero hay más. Está la pobreza cultural, que no es falta de libros ni de universidades, sino de conflicto intelectual. Un país donde pensar distinto incomoda. Donde la corrección política aplana la discusión.
Está también el alcoholismo, la depresión disfrazada de humor seco, el culto al mate como ritual anestésico. Está la soledad urbana, especialmente en Montevideo, ciudad lumpenizada, mugrienta, cada vez más violenta y repleta de gente sola, drogada, alienada, loca, caminando despacio, mirando el suelo. Y hay ciudades del interior que son plazas con viejos dando vueltas alrededor de la comisaría, la iglesia y el cine (convertido en iglesia penrecostal) en sentido horario, marcando el paso hacia el conformismo, la hipocresía y la muerte cultural.
De espaldas a esta realidad, un Estado omnipresente y al mismo tiempo impotente, eterno administrador del trámite y el ocaso, nunca jamás del impulso y el alba. En Uruguay siempre se ponel sol. Siempre; de mañana y de tarde. En Uruguay no se muere de hambre. Se muere de hastío, de soledad y de futuro clausurado.
Más del 90% de las empresas en Uruguay tiene menos de 10 empleados. Eso es una barraca, un almacén, un taller. Eso es Don José, Doña María que no tienen ni la más remota idea de lo que es la COMAP, ni la van a tener jamás.
De lo que sí saben Doña María y Don José es de la factura de UTE, del precio de la nafta, el gasoil o el supergas. Saben del BPS, de la DGI, de la Intendencia.
Saben que les llega el "aumento de los consejos de salarios" que arreglaron los trajeados de una cámara empresarial, con los sindicalistas profesionales y los funcionarios del MTSS sobre "pautas salariales" que definió el Gobierno. TODOS, desde el Gobierno, pasando por los trajeados, los sindicalistas hasta los funcionarios del MTSS a años luz de la realidad de Doña María y Don José.
Otros, con más de 10 empleados, aunque sepan de la COMAP ven a un MTSS que no defiende la institucionalidad laboral (caso Pesca), que aspira a jornadas de 6 horas y a poner barreras de salida a empleadores en un mercado laboral ya hiper-rígido, y ven las tarifas de la energía, y los costos laborales, y el puerto que para cuando se le canta y dicen "que inviertan los cracks del excel".
Entonces jovenazos (como decía Cantinflas) claro que no vamos a tener inversión si no viene un UPM a "arreglar" con el gobierno de turno para que le armen un Uruguay a medida, lo cual es "full banana republic".
Porque cuando te cortan las piernas y no te dejan ni el muñón, no hay muleta-COMAP que te haga caminar.
Personalmente me joroba tanto el hecho como la profunda y costosa hipocresía de todos los actores que ven al Rey desnudo y actúan como si nada para luego rasgarse las vestiduras con la pobreza.
➡ El movimiento “Montevideo más linda” busca recuperar espacios arquitectónicos de la ciudad | El grupo se compone de voluntarios de todas las edades y su acción ya se desarrolló en Ciudad Vieja y el Centro.
Voy a decirlo sin rodeos: esto no va de Maduro. Va de quién ha gestionado su final y para qué. Cuando un presidente es apresado y no hay caos interno ni fractura visible en la cúpula, cuando no hay histeria militar ni sangre en las calles, estamos ante una operación controlada. Las revoluciones reales son ruidosas. Las transiciones pactadas son silenciosas.
Aquí no hay heroicidades ni épica. Hay negociación fría. Y la negociación no se hace con el pueblo, se hace con la élite que garantiza orden. Quien crea que Estados Unidos —o la estructura que marca la pauta— busca justicia, democracia o reparación histórica, no ha entendido cómo funciona el poder. Lo que se busca es estabilidad, acceso a recursos y cierre de un ciclo incómodo. Todo lo demás es decorado.
Por eso insisto: el elemento clave es la traición funcional del entorno de Maduro. No ideológica, no moral: funcional. La traición que se produce cuando se comprende que el régimen ya ha caído y que es mejor recolocarse que resistir. Ahí es donde entran nombres concretos, no por conspiración, sino por lógica de poder: Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López. No como salvadores ni como demonios, sino como gestores del aterrizaje.
El detalle verdaderamente inquietante, para mí, no es un vídeo ni una filtración. Es la calma reveladora. La calma de quien ya sabe que no va a caer al vacío. La calma de quien ha recibido garantías. Nadie está tranquilo en mitad de una tormenta si no tiene un refugio pactado. Esa serenidad no es inocente; es estratégica.
Y aquí viene lo más incómodo: las transiciones tuteladas no liberan países, los reordenan. Cambian el relato, redistribuyen poder, blanquean a unos y sacrifican a otros. El ciudadano no entra en la ecuación más que como coartada. Se le promete futuro mientras se decide el reparto en despachos cerrados.
Esto no va acerca de izquierdas o de derechas. Va de quién controla las riquezas, el dinero, las armas y la narrativa cuando se baja el telón. Y si el proceso avanza sin sobresaltos no es porque el sistema se haya humanizado, sino porque ya se ha pactado quién paga y quién se salva.
Lo demás es ruido. Y el ruido, casi siempre, es para que no mires dónde de verdad se está decidiendo todo. Seguiremos informando. Sin anestesia.
Yo no falle, yo no plante una ley de una alerta y no la hice funcionar, a mi no se me escapo un auto que ya se sabía modelo, color y patente por un peaje, a mi no se me acercó una persona a una casa que tenía prohibido
La sociedad no falló, fallo el estado
Aburrido de leer que el gobierno chino paga el flete de Temu y de que los importadores así no pueden competir tome el caso del reloj y compare precio de Alibaba en fábrica China y Temu puesto en Uruguay.🧵
Lo que estamos viendo con UnitedHealth no se si tiene precedentes. En menos de un mes el precio de la acción ha colapsado (-50%). Y no hablamos de cualquier empresa, es la compañía de salud más grande de Estados Unidos, con ventas anuales por US$400 mil millones, y que genera US$35 mil palos de EBITDA (2024) y US$25 bn de free cash flow. O sea un monstruo.
Fiódor Dostoievski no solo escribió novelas, escribió advertencias. Su pensamiento es clave para entender la Rusia actual, el choque con Occidente y mucho de lo que pasa en la política internacional.
Va hilo:
@ElOtroValentin Tengo 60 años, estaba en pegado a la tele cuando el vasco hizo el gol de nuca en el 88, mis amigos se habían ido hacia 5 minutos, era pasado el tiempo del alarge, lo célebre solo abrazado a la tele, ese día aprendí que no se termina hasta que se termina. Si ganamos disculpate
Mi hijo acaba de cumplir 18 y ha empezado la universidad en Uruguay. En teoría, un motivo de alegría. En la práctica, una alarma. Programas del siglo pasado, escasa conexión con la realidad laboral, cero estímulo al mérito. Se plantea emigrar a España.
¿Y cómo culparle?
Este país expulsa a su gente más formada como si fuera política de Estado.
Aquí no hay incentivo alguno para quedarse: el sistema judicial está contaminado por afinidades políticas, la fiscalía funciona como apéndice del poder de turno, y si no militas, mejor no esperes justicia.
Se premia la mediocridad, se castiga al que quiere prosperar.
Intentas levantar cabeza y te ahogan con impuestos.
Te "rompes el lomo" trabajando y te aplican tributos más propios de una monarquía depredadora que de una república moderna.
Y mientras... Los que gestionan lo público derrochan sin pudor ni consecuencias.
¿Queremos que los jóvenes se queden? Pues habrá que darles motivos. Educación de calidad, moderna, exigente.
Libertad para emprender sin que el Estado actúe como mafioso cobrando peaje. Seguridad real, justicia imparcial, gasto público racional. No es mucho pedir, es lo básico.
Pero claro… pedir sentido común en Uruguay es como poner un buzón de sugerencias en la Plaza Matriz: todo el mundo lo ve, nadie lo abre, y si lo abre alguien, lo clausuran por "incomodar"...