El chino estuvo 10 años preso por matar a alguien, también violo a una mujer extrajera y ahora es portada de LUN y rostro de algunas marcas.
País de mierda, con razón ganó Kast.
En la acción de la roja a Enzo, fijaos en el compañero que se tira al suelo simulando una falta inexistente, y encima Messi reclamando al árbitro que se revise jajajajajajaja es que son patéticos, así llevan toda la vida.
🧐 INVESTIGACIÓN PROPIA
Argentina es la selección más favorecida por el videoarbitraje en la Copa del Mundo 2026. El VAR ha tenido 5 apariciones en los partidos de la albiceleste y en todas ha sido beneficiada, sin ninguna sanción en contra.
https://t.co/o8Oaa53pJn
Vimos esto en una copa del mundo y todos hicieron como si no hubiera pasado nada.
Es la cosa más repugnante que han visto mis ojos.
Por cierto, el del silbato, ahora se pasea por las radios y televisiones dando cátedra de arbitraje. ASQUEROSO.
📊 Penaltys accordés en Coupe du Monde :
🇧🇷 Brésil : 14 en 23 Coupes du Monde
🇩🇪 Allemagne : 15 en 20 Coupes du Monde
🇦🇷 Argentine : 16 lors des 2 dernières Coupes du Monde
(@InseeFr)
Aquí le mostraron tarjeta amarilla a Olise tras una clara simulación del futbolista paraguayo.
¿El VAR intervino para corregir la decisión, retirarle la amarilla al francés y sancionar al paraguayo? No.
Incluso fue rechazada la solicitud de Francia para que se le retirara la amonestación a Olise y pudiera disputar el siguiente partido.
Por eso no me cansaré de decirlo: Argentina juega con un reglamento distinto.
Este Mundial está perversamente diseñado para facilitarle el camino y llevarla lo más lejos posible. En Qatar 2022 ocurrió exactamente lo mismo, solo que con un nivel de descaro todavía mayor.
Es tremendo este video porque lo tiene todo. El momento donde la pelota cambia de trayectoria por tocar el cable, el gol de Bellingham, cuando el arquero noruego se lo comenta al árbitro y el mensaje de la FIFA intentando explicar —sin éxito— lo sucedido.
La “diosa” tecnología falló.
El verdadero escándalo arbitral es este, no la doble amarilla a Embolo provocada por una regla absurda, pero que está allí. https://t.co/dDuFAXRUwj
تذكير بتصريح مودريتش التاريخي بعد نهاية مباراة نصف النهائي 2022 كرواتيا ضد الارجنتين :
"لم تكن ضربة جزاء، لست معتادًا التحديث عن التحكيم، لكن ما حدث اليوم كان فضيحة لـ إنقاذ الأرجنتين"
كل يوم بيعدي العالم بيتاكد من حقيقه مسرحية قطر لتتويج ميسي بكأس العالم.
Durante años nos vendieron un relato: que Messi era un Dios del futbol. Que todo lo que ganó con el Barça, sus Balones de Oro y sus títulos con Argentina eran consecuencia exclusiva de su supuesto talento divino. Construyeron la imagen del futbolista perfecto: noble, humilde, intocable y merecedor de absolutamente todo.
Pero ese relato empezó a desmoronarse con el caso Negreira. Durante más de una década, el Barcelona realizó pagos por supuestas asesorías arbitrales a quien era vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Esa sombra inevitablemente alcanza los títulos de aquella etapa y también una parte de los números que inflaron el mito de Messi.
Después llegaron los Balones de Oro, donde los criterios cambiaban según conviniera para premiarlo.
En 2010 se impusieron las estadísticas individuales por encima de los títulos y de las extraordinarias temporadas de Xavi, Iniesta y Sneijder.
Y ni siquiera puede ignorarse que su primer Balón de Oro, en 2009, llega después del escandaloso arbitraje de Stamford Bridge, una de las mayores polémicas de la historia reciente del futbol.
Los Balones de Oro de 2011, 2012 y 2015, para mí, fueron merecidos.
Pero en 2019 volvió la polémica. Messi terminó llevándose el premio prácticamente por ser el máximo goleador de LaLiga, mientras Virgil van Dijk completó una temporada extraordinaria con el Liverpool, conquistando Europa y siendo el mejor defensor del mundo.
En 2021, el Balón de Oro debió ser para Robert Lewandowski, que venía de romper todos los registros con el Bayern. El gran argumento para premiar a Messi fue la Copa América.
Y en 2023 la contradicción fue todavía mayor. El Mundial pasó a ser el criterio absoluto para entregarle otro Balón de Oro, mientras Erling Haaland firmó una temporada histórica ganándolo prácticamente todo con el Manchester City y Kylian Mbappé también tuvo números extraordinarios. Curiosamente, lo que en 2010 no importó —los títulos colectivos— ahora sí era determinante. Los criterios cambiaban según el ganador.
Con Argentina también hubo un antes y un después.
Antes de 2021, una enorme parte de la propia afición argentina señalaba a Messi como un “pecho frío”, incapaz de aparecer en los momentos decisivos. Luego vinieron su renuncia a la selección, sus acusaciones contra la CONMEBOL por supuestos favoritismos hacia Brasil y, llamativamente, comenzaron a aparecer decisiones arbitrales que constantemente terminaban beneficiándolo.
También resulta difícil ignorar que la Copa América pasó de disputarse cada cuatro años a celebrarse cinco veces en apenas una década, hasta que finalmente Messi pudo levantar el trofeo.
En 2022, Louis van Gaal dejó una frase que dio la vuelta al mundo: que querían hacer campeón a Messi y que algún día la verdad saldría a la luz.
Y, guste o no, ese proceso ya comenzó.
Cada vez son más las personas, incluso fuera del futbol, que dejan de ver a Messi como un héroe intocable y empiezan a verlo como un futbolista al que el sistema protegió y benefició hasta niveles difíciles de justificar. Como un producto construido alrededor de intereses deportivos, políticos y comerciales. Como la gran figura que la FIFA decidió convertir en leyenda.
Y eso, inevitablemente, termina manchando su legado.
Por eso yo nunca compraré el relato del “GOAT”.
Durante toda mi vida voy a combatir esa narrativa. Para mí, Messi fue un genio con el balón, nadie puede negar su talento. Pero también fue un futbolista cuyo legado quedó marcado por Negreira, por decisiones arbitrales polémicas, por criterios cambiantes en los premios individuales y por un sistema que, demasiadas veces, jugó a su favor.
En mi historia no será el mejor futbolista de todos los tiempos.
Será recordado como el Falso Mesías: un genio, sí, pero también una figura cuyo mito, en opinión de millones, fue construido, beneficiado y protegido por el sistema.