Hoy homenajeamos a quienes, con su esfuerzo diario, levantan la Argentina, nuestros trabajadores.
La Iglesia nos propone mirar a San José, hombre justo y silencioso, que encontró en el trabajo el camino para servir a Dios y proteger a su familia.
En el hogar de Nazaret, el carpintero enseñó que el trabajo es vocación y responsabilidad.
No buscó reconocimiento ni honores, cumplió su deber con fidelidad, sosteniendo a la Sagrada Familia con humildad y fortaleza.
¡Cuántos argentinos hoy se parecen a él! Hombres y mujeres que madrugan, que luchan contra la incertidumbre, que no bajan los brazos y que confían en que el esfuerzo honrado siempre vale la pena. En ellos vive la esperanza de nuestra Patria.
Pidamos a San José Obrero que interceda por quienes no tienen empleo, que proteja a los trabajadores, que cuide a nuestras familias y que inspire a quienes tenemos responsabilidades públicas a defender la cultura del trabajo como fundamento de la dignidad humana.
Que en cada rincón de nuestro país el trabajo sea fuente de sustento, pero también de orgullo y realización.
San José Obrero, guía a la Argentina por el camino del trabajo digno y la justicia.
¡Feliz día a los trabajadores argentinos!
Cuando era chica, mi abuela y yo dormíamos juntas. Recuerdo que a los 5 años le dije que cuando ella muera yo me enterraría con ella para no separarnos ni después de la muerte. Ella solo sonreía y me abrazaba más fuerte para dormir.
Siempre tuve miedo a este momento, pensé que sería un dolor inaguantable. Pasaban los años y llegué a creer que sería inmortal, o por lo menos, que ella viviría tanto tiempo que yo podría alcanzarla para volar juntas.
Pero el momento llegó, y extrañamente siento paz y gratitud.
Es verdad, nadie está nunca preparado para decir adiós al cuerpo, al sonido de la voz de quienes amamos, a los abrazos y a las miradas de amor que acarician el alma.
Pero no solo siento paz y gratitud sino que también siento gozo. Se que ella está en el mejor lugar, mucho mejor que a mi lado. Se que ella no siente dolor, ni va a tener que inyectarse dosis de insulina todos los días porque allá todo es perfecto.
Y lo más extraño de todo, es que pensé que febrero de 2026 sería el peor mes de mi vida, sin embargo, hoy siento que es un mes maravilloso, porque mi abuela llegó al lugar donde yo sueño llegar algún día, y está en los brazos de Jesús, mirándolo cara a cara. Que privilegio el suyo!
Y yo… yo sigo con ella, porque ella sigue en mi. Fueron 43 años de amor, solamente amor. Y esos recuerdos son imborrables.
Ella está en paz, yo estoy en paz. Ella siente gozo, yo también. Tal vez, en eso consista el amor.
@BlancaDios2 Espero que también les den un pasaje de ida. La gente sufriente necesita brazos fuertes qué los ayuden ! Confiamos despedirlos pronto para cumplir su misión