Cuando menos lo esperas, la vida te vuelve a dar un golpe de realidad, a recordar que la vida es un segundo.
Por eso no podemos olvidar la importancia de cada abrazo, de cada te quiero, de disfrutar de las cosas pequeñas de la vida...
La Navidad llega sin pedir permiso.
Se sienta a la mesa con los que están
y deja una silla vacía por los que faltan.
Huele a recuerdos, a risas que se repiten cada año
y a silencios que también brindan.
Nos emociona porque nos junta,
y nos duele porque nos recuerda.
Al final, entre luces y abrazos torpes,
entendemos que la magia no está en los regalos,
sino en seguir siendo hogar
para quienes aún pueden volver.
Las personas que tenemos unos padres que nos quieren y nos apoyan incondicionalmente no somos conscientes de la suerte que tenemos. Es un alivio constante, le quita algunos grados de dureza a la vida encontrar en casa siempre un rincón de paz.
“No os perdáis nada. Porque si no sois vosotros, ¿quiénes? Si no es aquí, ¿dónde? Y si no es ahora, ¿cuándo? Disfrutad del momento porque sois vosotros, estáis aquí y ahora es cuándo” #robe