Primera vez en que realmente llegué a la urna sin tener idea de qué hacer. Dos candidatos nefastos con un montón de vacíos y campañas cargadas de miedo. Que tristeza hermano.
No hay nada que me motive más a votar en contra de alguien que escuchar que, si pierde, van a incendiar el país. Prefiero morir antes que vivir bajo la coacción de quienes creen que la democracia solo vale cuando ganan ellos.
Si Sergio Fajardo tiene 2 millones de votos, uno de esos es mío, si Sergio Fajardo tiene 100 votos, uno de esos es mío, si Sergio Fajardo solo tiene 1 voto, ese es mi voto, si Sergio Fajardo no tiene ningún voto es porque yo ya no estoy en este mundo.
A mí sí me parece gravísimo que buena parte del país esté dispuesta a votar por un tipo que habla de cambiar la Constitución, pero no ha sido capaz ni de sentarse en un debate a explicar qué quiere cambiar exactamente.
No entiendo cómo pueden defender y aplaudir que un candidato presidencial no asista a un debate.
¿Ése es el talante con el que pretenden gobernar? ¿Escondiéndose, evitando, esquivando, escogiendo a quién sí y a quién no hablar?.
El fanatismo en cualquier esquina, no los deja ver con claridad.
Pobre país.
Un presidente incapaz de manejar o enfrentar la violencia.
Un presidente incapaz de pronunciarse con vigor por las víctimas y en contra de criminales.
Un presidente incapaz.
Para mí es clarísimo por qué Iván Cepeda no quiere debatir con Fajardo y con Claudia López. Si debate con candidatos más cercanos al centro y más moderados que él, quedará claro que su proyecto es de una izquierda mucho más radical. A él solo le sirve debatir con la derecha para mostrarse como moderado. Y de moderado no tiene nada, así como tampoco lo tiene Petro.
Ni en su trayectoria, ni en su discurso, ni en su programa, ni mucho menos en su visión de la paz total es Cepeda un moderado. El país no puede caer en el mismo engaño de Petro de hace 4 años, cuando se presentó como un liberal de avanzada, para luego gobernar como aliado de Maduro y promotor de una asamblea constituyente populista.
El país tampoco puede admitir que el candidato líder en las encuestas no quiera debatir, ni puede aceptar que el aspirante más opcionado no quiera responder las preguntas del periodismo y de los demás candidatos.
Con estos demócratas moderados para qué radicales. Estamos advertidos sobre cuál es el talante.
Que descaro ver a un candidato presidencial poner condiciones para debatir, desde el escenario hasta el moderador y los rivales. Si así es ahora, ¿así será para gobernar?… Miedo…
Cuando hace cuatro años llegaron al Pacto Histórico líderes como Armando Benedetti, Roy Barreras y Mauricio Lizcano, la respuesta del petrismo fue que no habían cedido sus principios ante la política tradicional, sino que buscaban construir coaliciones con otros sectores políticos. Y que, como su nombre lo indicaba, era precisamente crear un pacto.
Con ese argumento gobernaron con todos los partidos tradicionales: hicieron coalición y equipo con el liberalismo, La U, los conservadores y hasta partidos cristianos.
Por eso es increíble que ahora que Juan Daniel Oviedo ha conformado una fórmula con Paloma Valencia, el argumento para atacarlo desde el partido de gobierno sea que “negoció sus principios”, o que cambió de ideas políticas, o que “se vendió”. ¿No se trataba precisamente de conformar alianzas con quienes piensan distinto para poder gobernar desde los pactos y la diversidad? ¿Qué pasó con esa idea que promovían desde el petrismo de dar un paso hacia la política de las coaliciones?
La Gran Consulta por Colombia organizó en un mismo equipo a diversos sectores de la oposición al gobierno Petro. Uribistas, santistas y voces independientes pusieron a un lado sus diferencias para enfrentarse al auge del populismo y al llamado de Petro a una asamblea constituyente. Esta consulta ha sido, además, un paso clave para la reconciliación de sectores del sí y del no del plebiscito de 2016.
Hacer equipo y alianzas alrededor de lo que une no solo es válido sino que es un deber en la política. Y no, no es únicamente un derecho que se reserva el petrismo cuando le sirve para defender sus alianzas con la política tradicional.
Que personajes como Lalis o Wally, cuyo único "mérito" ha sido odiar a Uribe, difundir falacias y vivir de nuestros impuestos, lleguen al Congreso es una señal clara del nivel de degradación al que han llevado la política colombiana.
No van a bajar el salario mínimo. El @consejodeestado solo pidió que el decreto esté bien justificado, como exige la Ley 278 de 1996.
Si no hay concertación, se puede decretar… pero con sustento técnico.
El salario sigue en 2 millones. Y la institucionalidad está haciendo su trabajo.
El peor déficit fiscal de la historia moderna de Colombia sin una crisis externa que lo justifique para que el resultado sea crecer menos del 3%…
Van a dejar el Estado en los rines
Duro, por no decir que imposible, luchar contra el populismo y la ignorancia. No hay dato, explicación, razón que valga. Y ahí radica precisamente el éxito del populismo, no necesita explicar nada, no necesita demostrar nada. Todo se basa en decir lo que el ignorante quiere oir.