Fueron 6 Mundiales. De 2006 a 2026.
21 goles, 3 finales y 1 título.
Acabamos de ver la última función de Messi en una Copa del Mundo.
Lionel, no llores porque terminó. Sonríe porque sucedió. Gracias por tanto, bestia del fútbol mundial🩵
Recordar que Ecuador fue sin un enganche natural que pueda filtrar en estos momentos de repliegue rival porque Kendry es un buen chico y Sornoza es malvado.
#BeccaceceOUT
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Salve, oh Patria, ¡mil veces! oh Patria.
¡Gloria a ti! ¡Gloria a ti!
Ya tu pecho, tu pecho rebosa,
gozo y paz, ya en tu pecho rebosa,
y tu frente, tu frente radiosa
más que el sol contemplamos lucir.
y tu frente, tu frente radiosa
más que el sol contemplamos lucir.
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Gracias a los jugadores y al técnico que, a pesar de las críticas, los insultos y los malos ratos que pasaron, lograron recuperarse y darle esta inmensa alegría al país entero.
¡Mañana, feriado!
Viva el Ecuador.
@CarlosXArguello el 80% de las veces, tus análisis me caen como una patada en el cul@ pero cuanta razón tuviste con todo lo emitido sobre esta selección y su Dt. No hacemos ni medio gol!
Mi 11 contra Alemania: Galíndez | Alan Minda, Ordoñez, Pacho, Hincapié | Denil Castillo, Moisés Caicedo, Pedro Vite | Anthony Valencia, Jeremy Arévalo, Nilson Angulo
Esto no es broma ni exageración. De ninguna forma Sebastián Beccacece puede dirigir el partido contra Alemania, es una burla a la nación lo que acaba de pasar.
Ha causado todo tipo de reflexiones esta pieza audiovisual sobre Urdesa.
Muchos de estos lugares fueron escenarios de mi crecimiento.
Un barrio clásico, de personalidades cambiantes, casi como si respirara distinto en cada esquina.
No tengo credenciales para sentenciarlo como perdido…
pero sí cargo profundas cantidades de ilusión.
Ilusión de volver a encontrarme con la Urdesa de siempre,
esa que no era perfecta, pero sí de todos,
esa que todavía insiste en aparecer.
Música Willo Borja
Mi papá me llevaba al colegio todos los días.
No hablábamos mucho.
Él manejaba.
Yo iba mirando por la ventana.
De vez en cuando preguntaba si llevaba tareas.
O si necesitaba dinero.
O si iba a salir más tarde.
Nada más.
Yo crecí pensando que esos trayectos eran puro trámite.
Años después, cuando empecé a trabajar, entendí lo que costaba levantarse temprano.
Lo que pesaba manejar cansado.
Lo fácil que era delegar ese tipo de cosas.
Pero él nunca delegó eso.
Ni una vez.
Cuando se jubiló, lo noté más callado.
Más lento.
Más como si le sobraran horas.
Un día, conversando de nada, me dijo:
—La mejor parte de mi día era llevarte al colegio.
Me reí.
Pensé que exageraba.
Él negó con la cabeza.
—Era el rato que sabía que todavía eras mío.
Sentí algo raro en el pecho.
Porque para mí habían sido viajes mudos.
Repetidos.
Olvidables.
Y para él eran despedidas pequeñas que yo ni siquiera sabía que estaba viviendo.
A veces uno recuerda solo lo que faltó.
Y se le olvida mirar todo lo que el otro sí hizo…
aunque nunca supo adornarlo con palabras.