La banalidad del mal en Hannah Arendt muestra que el horror puede nacer de la obediencia rutinaria y de la renuncia a pensar; no hace falta un monstruo, basta con alguien que deje de juzgar por sí mismo.
Sorrentino, que es uno de mis directores favoritos, dijo el otro día que hay dos cosas imprescindibles para seguir viviendo: la curiosidad y un propósito. Curiosidad por seguir aprendiendo y un propósito por el que ilusionarte. Eso es todo.
Si alguna vez alguien te preguntó por qué sigues perdiendo el tiempo en el arte, porque importa, por qué insistir en algo que no da dinero, llévale a ver Hamnet. Es un recordatorio devastador pero hermoso de que el arte no existe para ser rentable, sino para darle forma a lo que duele, a lo que no sabemos nombrar, y convertirlo en algo que nos conecta con otros, algo que permite que otras almas se reconozcan en el mismo dolor.
Dijo una vez Simone de Beauvoir: "Brindemos por las almas salvajes, por las que no se quedan quietas, por las que arden con una luz propia. Por las que no siguen caminos marcados, sino que los inventan con cada paso. Por las mujeres que ríen fuerte, que sueñan sin permiso, que no piden perdón por ser libres. Mientras el mundo intenta domesticarlas, ellas siguen rodando, escribiendo su propia historia, viviendo sin frenos, sin miedo, sin cadenas. Porque el mundo cambia cuando alguien se atreve a vivir a su manera."
Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, sus palabras recuerdan que la libertad nunca fue un regalo: siempre fue una conquista.
#8deMarzo2026