No estoy listo.
Y sinceramente, nunca voy a estarlo.
Porque aceptar que llegó el último baile de Lionel Messi es aceptar que también se termina una parte de nuestra vida.
No es solamente una Final del Mundo.
Es el cierre de la historia que marcó a toda una generación.
No somos conscientes de lo vivido.
En este país, escuchás hablar del "partido con los ingleses" desde que sos el espermatozoide que ganó la carrera.
Haber vivido nuestro propio partido contra ellos -en la instancia y de la manera que se dio- es realmente un regalo del cielo.