Le dije a mi terapeuta:
“Siento que se me acaba el tiempo para construir la vida que quiero.”
Ni siquiera preguntó por qué.
Ella simplemente me miró con dulzura y dijo:
Madurar es entender que el amor no basta. Que una relación se construye con paciencia, con comunicación, con respeto y con deseo constante de mejorar. Que hay que aprender a pedir perdón, a perdonar y a cuidar un corazón que confía en nosotros como si fuera propio.