No digas infidelidad, es “no-monogamia secreta”:
La guía de 2023 de la British Association for Counselling and Psychotherapy (BACP), titulada Good Practice across the Counselling Professions 001: Gender, Sexual, and Relationship Diversity (GSRD), ha decidido que la infidelidad ya no se llama así. Ahora la llaman “No-monogamia secreta” y la incluyen como una más dentro de la “diversidad relacional” que los terapeutas deben tratar con competencia cultural y sin juzgar. Dice la guía:
“Un modelo de relación que es al menos tan común como la monogamia, si no más, es la no-monogamia secreta, que generalmente toma la forma de aventuras o infidelidad. Estimaciones conservadoras sitúan la tasa de infidelidades en el matrimonio en una cuarta parte (Fincham y May, 2017), pero otros estudios la han estimado en más del doble, con cifras aún más altas también en relaciones no matrimoniales (Vangelisti y Gerstenberger, 2004).”
Es muy interesante esta parte donde el miedo a la acusación de “terapia de conversión” es palpable. En el documento lo dicen casi literal:
“Por lo tanto, el objetivo de la terapia no es detener a la persona o personas no monógamas de ser no monógamas -del mismo modo que no intentaríamos detener a una persona gay o trans de ser gay o trans-, sino ayudarles a navegar su relación de manera que la no monogamia pueda realizarse de forma consensuada y abierta, o que la relación pueda terminar o cambiar si las parejas son demasiado incompatibles en cuanto a su postura respecto a la no/monogamia como para que esto sea posible.”
Viene a decir: no intentes que la persona deje de ser no-monógama, igual que no intentas “curar” a alguien gay o trans. Esa analogía es reveladora y problemática, porque equipara una orientación (que suele ser estable y no daña directamente a terceros) con un comportamiento (engañar, mentir, romper acuerdos) que sí tiene impacto ético claro sobre otras personas.
También se percibe de fondo una incomodidad ideológica con que puedan transmitir la idea de que defienden la monogamia como norma razonable o deseable, porque eso suena “tradicional”, y en ciertos círculos académicos/terapéuticos se asocia a algo retrógrado o normativo. Prefieren enmarcarlo todo como “diversidad relacional” para que ninguna opción quede por debajo de otra. Y de animar a algo se intuye una preferencia por la no-monogamia…la monogamia es muy difícil:
«Puede ser enormemente útil, con personas que practican la no-monogamia secreta, normalizar lo increíblemente difícil que es la monogamia de por vida (ver 4.3), lo complicado -si no imposible- que resulta obtener calidez y pasión en la misma relación (Perel, 2007), y las muchas formas diversas que existen de navegar la no/monogamia (ver 4.3 y 4.5).»
En resumen, estoy de acuerdo con la idea de que un terapeuta está principalmente para ayudar y no para juzgar. Pero esto no me suena a neutralidad terapéutica sino a cómo ciertas corrientes ideológicas están redefiniendo conceptos básicos de ética, responsabilidad y daño en las relaciones humanas.
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Los noruegos creyentes son mayormente protestantes (luteranismo). Y evangelismo y protestantismo no son lo mismo. El evangelismo neopentecostal que llegó a Brasil y a América Latina (impulsado con fines geopolíticos) deriva de dos corrientes: el dispensacionalismo (siglo XIX) y lo que se ha llamado teología de la prosperidad (primer cuarto siglo XX). Ambos fenómenos estadounidenses. Que tienen elementos vertebradores como la escatología sionista (ver en los judíos actuales el pueblo de dios bíblico) y el ultraconservadurismo moral. La ética protestante de la que habla Weber tiene que ver con el calvanismo de los fundadores de Estados Unidos. Pero casi nada con el evangelismo de factura dispensacionalista que llegó a países como Brasil impulsado por la CIA, entre otros factores. De modo que no tiene ningún sentido decir, por ejemplo, que los noruegos son protestantes y le ganaron a Brasil. Y de ahí concluir que nada tiene que ver el evangelismo con la debacle del fútbol brasileño.
Me encanta que el mundial2026 traiga conversaciones incómodas. En Brasil hay una discusión interesante sobre la relación de la iglesia evangélica y la derrota de Brasil.
La iglesia católica, sobre todo los jesuitas en LATAM, en 1960 salen a las zonas rurales (años de dictaduras en el sur y centro de américa) a decirle a campesinos, indígenas y negros que sus males son un problema estructural y sistémico, son pobres no por la voluntad de Dios y que hay que hacer un trabajo colectivo; llevan la iglesia a las aldeas, montañas. Las dictaduras militares los ven como comunistas en pleno apogeo de la guerra fría. Con ello, el mayor constructor del imperio yanki, Henry Kissinger, manda cruzadas evangélicas para frenar a la TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN con la teología de la superación. Es así como el programa de la CIA penetra en los países pobres.
Me encanta centroamérica para hablar del adoctrinamiento evangélico, pero sobre todo El Salvador.
El Salvador, junto a Nicaragua y Guatemala, vivieron guerras civiles y son el ejemplo de la arremetida estadounidense. El Salvador tiene los exponentes más notables de la teología de la liberación: Ellacuría y J. Sobrino. Ellacuría y Baró, fueron asesinados por hablarle al pueblo salvadoreño de la opresión que vivían, fueron acusados de comunistas y guerrilleros. Asesinados por escribir y hablar de la liberación de los oprimidos, frenando así el crecimiento de este movimiento.
La iglesia evangélica, sobre todo su rama predominante en la región, la neopentecostal, ha dañado el sentido de comunidad y colectividad de sus feligreses. Les enseñó a que si son pobres, oprimidos y asesinados por sus gobiernos es porque es la voluntad de Dios; que la recompensa a sus males está en el cielo; que la salvación es individual. Los «profetas» de estas iglesias se reúnen con líderes políticos a negociar el voto y la voluntad de sus miembros a cambio de cuantiosos cheques mensuales (véase la relación de JOH y Evelio Reyes). La fe es mercancía de intercambio. La relación entre esta secta, EEUU e Israel es más estrecha de lo que podemos imaginar.