He notado que las personas más rotas suelen ser las que más consuelan. Como si conocer la oscuridad les diera herramientas para alumbrar a otros. Curan con las mismas manos que aún intentan sanarse.
“Lo manejaste muy bien”. No, no lo hice. Enloquecí, perdí mi chispa, lloré en silencio; me rompí a solas y llevé una sonrisa que mentía mejor que cualquier máscara. No lo manejé, lo sobreviví, porque no tenía otra opción.