Tuve ansiedad y estrés durante semanas y nadie lo notó.
Seguí cumpliendo, ayudando, respondiendo mensajes y sonriendo aunque mi mente no paraba y mi cuerpo pedía una pausa.
Me guardé el nudo en la garganta y el cansancio invisible, pero aun así traté bien a los demás. Mi interior era un caos silencioso, pero nunca lo usé para herir.
A veces quienes más se rompen por dentro... son quienes más cuidan afuera