Qué pena la gata. Y qué pena la niña.
El perfil se llama “Mala Ruina”, y viendo el vídeo, cuesta pensar en un nombre más desafortunado.
Más allá del maltrato al animal (que hay hay que ser una persona lamentable...), hay algo que me preocupa todavía más: una niña creciendo y viendo cómo un adulto se comporta así con un animal mientras ella misma llora.
Los niños aprenden de lo que ven en casa. Y normalizar determinadas conductas puede dejar una huella mucho más profunda de lo que pensamos.
Lo que más me entristece es que probablemente esta indignación se quede aquí: unos días de críticas en redes y después, nada.
Ojalá este vídeo no se quede simplemente en una oleada de críticas en redes.
Ojalá le llegue a alguien competente y compruebe qué está pasando realmente en esa casa y, si existe riesgo, se actúe para proteger tanto a esa niña como a esa gata.
Porque la protección de un menor y de un animal no debería depender de que un vídeo se haga viral.
@Nazaarenog Tamal?
— No sé… mirá, el mal es una construcción social. Porque en realidad lo que llamamos mal es solo la interpretación subjetiva de actos que no encajan con la moral dominante, ¿entendés? O sea, el mal no existe en sí mismo, es un concepto creado para mantener el control,...