Los padres de hoy pasan cuatro veces más tiempo cuidando a sus hijos que hace 50 años. Sin embargo, según la investigadora en paternidad Darby Saxbe, este aumento no se debe principalmente a un cambio cultural positivo, sino a que las redes de apoyo extendidas (familia extensa, vecinos y comunidad) se han deteriorado mucho.
En las sociedades cazadoras-recolectoras (como los Aka), los padres dedican menos tiempo directo a los niños porque hay muchas más personas (abuelos, tíos, vecinos, hermanos mayores) que ayudan en el cuidado. En cambio, en las familias modernas nucleares de EE.UU., los padres tienen que asumir una mayor carga porque ya no existe ese “pueblo” que ayuda.
El problema que el infanticidio supone para el feminismo:
El autor de este artículo explica el problema que el infanticidio supone para el feminismo ya que las madres biológicas aparecen como las principales perpetradoras, solas o en colaboración. Esto destroza la narrativa idealizada de la feminidad.
Para el feminismo cultural, la mujer -y especialmente la madre- representa una energía superior y pacífica. De ahí la idea central: “La masculinidad es la enfermedad del mundo y la feminidad su cura”. Cuando las propias madres maltratan o matan a sus hijos, esta visión metafísica de la feminidad se viene abajo.
El feminismo radical resuelve el conflicto culpando siempre al hombre. Se invocaría la retórica de la «esposa maltratada» para implicar que las madres maltratarían a sus hijos como consecuencia del maltrato que recibe por parte de su pareja, actuando por trauma o bajo coacción. De nuevo, ellas no tienen agencia.
Según el autor, esta contradicción provocó un cambio estratégico con el tiempo. Al principio las feministas defendían la separación inmediata cuando el agresor era el hombre, pero al ver que muchas madres agredían solas o incluso maltrataban al padre, la narrativa cambió hacia la “reparación de la familia” y la protección prioritaria de los derechos maternos.
Se creó una doble vara de medir muy clara:
-La violencia contra la mujer es pública, intolerable y exige intervención inmediata del Estado y separación.
-El maltrato infantil, cuando lo comete la madre, se considera más “privado”, menos dañino a largo plazo y, en todo caso, separar al niño de su madre sería aún peor que el propio maltrato.
De esta forma, según el autor, el feminismo terminó blindando legal y teóricamente a las madres abusivas. La defensa de “los derechos de la infancia” acaba siendo, en la práctica, una defensa de la potestad materna por encima de todo. Los niños se convierten en un instrumento retórico para proteger los intereses de las madres, más que en sujetos con derechos propios.
(Creo que es por esto que no tenemos datos de filicidio en España, porque eso de que las mujeres sean perpetradoras no casa muy bien con el relato feminista)
Women attack men when they’re happy.
Relationship expert Alison Armstrong says it’s because male happiness and power together feel threatening when a woman doesn’t feel deeply connected.
If he’s pumped about his sports win, big fish, or guys’ trip, and she didn’t create that joy, it can trigger fear. So she diminishes it. “Why are you so happy without me?”
It’s not conscious cruelty. It’s an unconscious reaction to power she doesn’t feel safe with.
“The opposite of love is not hate, it’s indifference. The opposite of happiness is not sadness, it’s fear.”
"Tus antepasados no necesitaban tener razón, necesitaban pertenecer. ¿El coste de cuestionar a la tribu? El exilio, o algo peor. Hoy, ese mismo instinto alimenta creencias absurdas. La gente no piensa para encontrar la verdad, sino para mantenerse a salvo."
"La mayoría de las sociedades implicarán algún tipo de transferencia de recursos de los hombres a las mujeres... Las mujeres pasan más tiempo en educación, se jubilan antes, viven más, reciben más beneficios y ganan menos".
“Los hombres suicidas no necesitan más feminismo”:
“Los hombres que mueren por suicidio en Australia no mueren porque no hayan aprendido a llorar. Mueren principalmente porque han perdido a sus hijos, sus hogares, su razón para seguir adelante, y el sistema construido para salvarlos está demasiado ocupado avanzando en la equidad de género como para notarlo.
Siete hombres hoy. Siete mañana.
La captura feminista de la prevención del suicidio no es una abstracción. Es un conteo de cadáveres.”
En Australia mueren siete hombres por suicidio al día (más de 2.500 al año). En este artículo, Bettina Arndt critica duramente que, en mayo de 2026, el principal organismo de salud masculina (Australian Men’s Health Forum) haya endosado una agenda feminista para combatirlo: enseñar a los niños sobre “equidad de género” y “masculinidad saludable”.
Las principales crítica que hace Bettina son:
-Captura institucional: El sector de prevención del suicidio está dominado por una ideología feminista. Se prioriza la “seguridad de las mujeres” y producir hombres que “no hagan daño”, en lugar de abordar causas reales como divorcios conflictivos, pérdida de custodia de hijos, problemas económicos o vivienda.
- Critica en concreto a una organización que se llamaThe Man Cave, que tabaja con adolescentes de 14-18 años. Dice Bettina: “The Man Cave ha pasado 12 años enseñando a 100.000 adolescentes a expresar sus sentimientos y disculparse por su masculinidad. [...] No hay evidencia creíble de que haya prevenido un solo suicidio.”
- La “Lived experience” como trampa: La política oficial da prioridad a personas con experiencia directa en crisis suicidas. Como las mujeres intentan más el suicidio (pero sobreviven más), dominan los comités y decisiones. Los hombres que completan el suicidio (75% de las muertes) no pueden opinar. Esto resulta en programas enfocados en “hablar de sentimientos” y reducir estigma, en vez de ayudas prácticas (vivienda de emergencia, apoyo legal, intervención financiera). En palabras de Bettina: “En la práctica, es un mecanismo para garantizar que las políticas de prevención del suicidio masculino permanezcan estrictamente en manos femeninas. [...] Las personas con la experiencia vivida más directa de la crisis -los hombres que completan el suicidio- no están disponibles para opinar.”
-Desequilibrio en fondos: La mayoría del dinero va a servicios para mujeres (ej. 60% de clientes del principal programa son mujeres), pese a que los hombres son la gran mayoría de las muertes. Australia apenas redujo su tasa de suicidio (1% entre 2000-2021), frente al 36% global en el mundo.
Conclusión del artículo: los hombres no se suicidan por no haber aprendido a llorar o por “toxicidad masculina”. Lo hacen principalmente por crisis situacionales (pérdida de familia, hogar, propósito). La “captura feminista” ignora esto y empeora el problema, convirtiendo la prevención en un conteo de cadáveres en lugar de soluciones reales.
"31. El amor es universal, pero la infidelidad también lo es. Los datos transculturales muestran que el amor romántico está presente en el 91 % de las culturas, pero también que la infidelidad sexual está documentada en todas las sociedades, incluso en aquellas que la criminalizan o imponen castigos severos.
El registro etnográfico muestra que ocultar las aventuras es casi un universal cultural en sí mismo, y el libro señala que los humanos parecen ser más monógamos emocionalmente que sexualmente."
Las personas con rasgos de la Tríada Oscura (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía) tienden a señalar su victimización virtuosa (es decir, presentarse constantemente como víctimas inocentes y moralmente superiores) como una estrategia para obtener ventajas sociales, recursos y estatus.
En los últimos 12 meses, al menos 25 profesoras han sido arrestadas en 16 estados de EE.UU. por delitos sexuales contra estudiantes varones menores de edad (principalmente adolescentes). Muchas de ellas están casadas y son madres.
Los casos incluyen sexo en autos, aulas y viajes escolares, envío de fotos y videos desnudos, grooming a través de Snapchat e Instagram, y relaciones que duraron meses.
Algunos ejemplos extremos: la profesora de cuarto grado Alissa McCommon, de 38 años, fue acusada de violar a un niño de 12 años y está embarazada de él. Los detectives identificaron 21 posibles víctimas relacionadas con ella y en marzo enfrentó 23 nuevos cargos por delitos sexuales. Otro caso destacado es el de una profesora que tuvo relaciones con un alumno de 17 años mientras estaba casada con el jefe de policía de la ciudad.
No existe un registro nacional centralizado, por lo que se cree que estos 25 casos son solo la punta del iceberg. El artículo destaca que este es un fenómeno preocupante y en aumento que está recibiendo más atención mediática.
“Mientras ha habido mucha crítica hacia la “manosfera” y su difusión de misoginia entre los chicos, comunidades online análogas centradas en las mujeres -la “femosfera”- también prosperan.
Las influencers de la femosfera animan a las mujeres a ser calculadoras en sus interacciones con los hombres y a usarlos por su dinero, de forma similar a como algunos hombres usan a las mujeres para tener sexo. La femósfera es igualmente nociva en su promoción de la misandria entre las chicas, pero ha generado mucha menos preocupación (o ninguna) en comparación.”
Debra Soh (neurocientífica especializada en sexo) argumenta en este artículo que, mientras se habla mucho de la “manosfera” y su misoginia, existe un fenómeno paralelo y menos criticado: la radicalización de muchas jóvenes hacia la misandria (odio o fuerte rechazo hacia los hombres) a través de redes sociales y la “femosfera”.
Algunos puntos que menciona:
-Encuestas recientes muestran que solo el 50% de las mujeres de 18-30 años tienen una visión positiva de los hombres (baja a ~33% en menores de 25).
-En cambio, el 72% de los hombres de la misma edad tienen una visión positiva de las mujeres.
-Contenido viral en TikTok y redes que generaliza a los hombres como peligrosos, manipuladores o inútiles (ejemplo: la encuesta del “oso o un hombre”).
-Influencers que enseñan a las mujeres a ser calculadoras con los hombres y a usarlos (especialmente por dinero).
-La educación superior y la cultura pop siguen reforzando la idea de que las mujeres están oprimidas por los hombres, a pesar de que las mujeres superan a los hombres en muchos indicadores educativos.
-Esto está creando una brecha política y de confianza cada vez mayor entre jóvenes hombres y mujeres, complicando el dating y las relaciones.
Soh concluye que hay que criticar el sexismo venga de donde venga, sin doble rasero, y que tratar a los hombres como enemigos colectivos no ayuda a nadie.
Çocuk yetiştirmede dinin etkisinin azalması, dünya genelinde çocuk ve ergenlerde kaygı artışıyla ilişkili (etki küçük).
Araştırmacılara göre dini sosyalleşme çocuklara bir yaşam amacı, toplumsal aidiyet ve bağ kurma fırsatı sunarak kaygıya karşı koruyucu bir işlev görebilir (?).
Los villanos siempre tienen doctorado.
Dr. Doom, el Dr. Octopus, el Dr. Doofenshmirtz, Hannibal Lecter o el Dr. No. Incluso el Dr. Frankenstein o el Dr. Evil.
En cambio, los buenos suelen quedarse en la maestría, como el maestro Yoda, el Maestro Roshi, el Maestro Splinter, el Maestro Miyagi, Shifu o el mismísimo Luke Skywalker.
Los estudios de posgrado corrompen el alma.
Sociología feminista kibutz y género
Mira @pitiklinov si le das a compartir en X y luego copias el tuit, puedes pegarlo al hilo. Nada como dedicar algo más de 3 segundos a resolver un reto 😜 y hay que preguntar bien.
Results from @ConsensusNLP
https://t.co/lpjwHrazNX
Un hombre reparte panfletos en blanco en una estación de Moscú. La KGB lo detiene. “¿Qué significa esto?”. “¿Qué se puede escribir? Es tan obvio”. Lo interesante no es el contenido (no hay contenido), sino el gesto. Convierte una sospecha difusa en algo compartido. Hace visible que todos saben. Y, sobre todo, que todos saben que los demás saben.
Ahí reside la clave del último libro de Steven Pinker: el conocimiento común.
En "Cuando todos saben que todos lo saben", Pinker toma un concepto técnico de la teoría de juegos y lo convierte en una lente para entender casi todo lo humano. Saber algo no es lo mismo que saberlo en público. Y eso, que suena trivial, tiene consecuencias enormes. Puedes saber que un régimen es corrupto, que una norma es absurda o que una relación está rota, pero mientras ese conocimiento no se vuelva común, coordinado, expuesto, no cambia nada. Es conocimiento inerte.
El conocimiento común no solo informa. Es una tecnología social de coordinación. Dos personas pueden beneficiarse mutuamente si saben que el otro también sabe. Con eso, aparece la posibilidad de actuar de forma complementaria. Desde una huelga hasta una confesión amorosa, pasando por un mercado financiero o una revolución política, todo depende de ese pequeño milagro lógico.
Lo fascinante es que Pinker sugiere que somos casi sensores de este fenómeno. No lo pensamos de forma explícita, pero lo detectamos. Sabemos cuándo algo “está en el aire”, cuándo una verdad ha dejado de ser privada y ha pasado a ser pública, cuándo una norma social se sostiene o empieza a resquebrajarse. Ese sexto sentido explica desde los rituales más absurdos (aplausos mecánicos, protocolos rígidos) hasta fenómenos más turbios como las burbujas, los linchamientos digitales o las espirales de silencio.
En ese sentido, el libro tiene algo de anatomía de lo cotidiano. Muchas de las rarezas de la vida social dejan de parecer caprichosas cuando las ves como soluciones a problemas de coordinación. Incluso las patologías. Una moda no es solo una preferencia estética, es una señal compartida. Un pánico colectivo no es solo miedo, es miedo amplificado por la certeza de que otros también tienen miedo.
Con todo, no siempre queremos conocimiento común. A veces lo evitamos activamente. Fingimos no saber, miramos hacia otro lado, mantenemos ficciones útiles. Esa hipocresía benigna (o no tan benigna) permite que ciertos equilibrios sociales se sostengan sin explotar. Decir en voz alta lo que todos saben puede liberar… o puede destruir estructuras enteras. Por eso hay tantos rituales diseñados para no decir, para insinuar sin fijar, para dejar margen a la ambigüedad.
Trump valora sus conversaciones Macron:
“He hablado con él. En una escala del 0 al 10, diría que ha sido un 8. No es perfecto. Pero es Francia, no esperamos la perfección.”