El mismo @PSOE con varios meses de diferencia.
Noviembre 2017: catastróficos datos de la ciencia en España.
Agosto 2018 : altísimo nivel de la ciencia en España con innovación competitiva.
1 millón de franceses cantando el Salve Regina con León XIV en pleno París.
Y el altar justo encima de donde guillotinaron a cientos de católicos en la Revolución.
Por si algún despistado dudaba de las verdaderas raíces de Europa.
La extrema gravedad de esto.
La dirección del PSOE quiso contratar a un sicario para dar un susto a la jueza que instruía la causa del hermano del presidente del gobierno.
He leído la columna de Ana Iris Simón sobre los hoteles adults only.
Mira que escribe bien, pero siempre hay algo que me chirría en sus planteamientos, y en esta ocasión también.
El debate es interesante.
Ella lo cuenta como si el mercado se hubiera inventado la demanda: el capitalismo trocea la realidad, expulsa a los niños del espacio común y les vende la parcela sin críos a los amargados dispuestos a pagarla.
Qué harían sin echarle la culpa al capitalismo de todo.
Pero la realidad es que el mercado pocas veces inventa la demanda: la detecta y la cubre.
Y la pregunta que ella no se hace es de dónde ha salido la demanda, porque hace treinta años no existía en España.
El primero abrió en 2007 en Canarias y su expansión estos últimos años ha sido fulgurante.
Los niños han estado siempre en los hoteles, en las bodas y en las sobremesas.
Los que ya tenemos una edad crecimos en restaurantes llenos de ellos y a nadie se le ocurría pedir un comedor sin niños.
¿Qué ha cambiado desde entonces?
Los niños desde luego que no, revoluciones tecnológicas aparte.
Lo que ha cambiado es lo que hacen los adultos que van con ellos.
Hemos pasado de educar a “acompañar”, de poner límites a “validar emociones”.
Hay toda una corriente de crianza, con sus gurús, sus libros y sus cuentas de Instagram, que sostiene que decirle que no a un niño lo frustra y que frustrarlo lo traumatiza.
¿Es eso capitalismo?
El resultado son padres que no cortan una rabieta porque eso sería invalidar al niño, y que, como dice Ana Iris, hacen scroll tranquilamente pero no en la piscina “adults only”, sino en el restaurante de un hotel normal donde su hijo convierte el bufé del desayuno en un parque de bolas.
Y a partir de ahí pasa lo previsible.
Convivir con niños siempre ha tenido un coste en “molestias”, y era perfectamente asumible porque había unos adultos gestionándolo.
El que diga lo contrario miente.
Cuando esos adultos dimiten de sus funciones, el coste lo paga el de la tumbona de al lado, que a lo mejor tiene siete días de vacaciones al año y no quiere gastarlos aguantando rabietas de desconocidos.
Ahí, y solo ahí, aparece el hotelero con su cartel de adults only, que llega el último a la cadena, como llega siempre el mercado: a cubrir el hueco que otros dejaron antes.
En lo que sí estoy de acuerdo con ella es en que los niños aprenden a ser adultos conviviendo con adultos. Claro que sí.
Pero convivir es precisamente lo que ya no se enseña: normas, límites, un “aquí no se grita” y un “pídele perdón al señor”.
La comunidad que Simón reivindica la sostenían los padres que educaban para ella.
Y luego está el comodín de siempre: la culpa es del capitalismo. Cómo no.
Es un diagnóstico comodísimo, porque si el culpable es el sistema, nadie tiene que mirarse al espejo: ni el padre que no educa, ni el que ha convertido al niño en el centro del universo.
En algo sí tiene razón: si el capitalismo ha aportado algo a esta historia son las pantallas.
Hay una industria entera diseñada para capturar la atención de los niños, y eso ha puesto el atajo a huevo.
Pero la tablet no llega sola a la mesa del restaurante: se la pone delante un adulto que ha decidido que es más cómodo silenciarlos que educarlos.
El capitalismo tendrá mil pecados, pero no le ha quitado a ningún padre la capacidad de decirle que no a su hijo.
Así que sí, es el mercado, amigo. Pero el mercado va siempre detrás.
Delante va una generación de padres convencida de que educar y decir “no” es traumatizar.
Mientras eso no cambie seguirán abriéndose hoteles sin niños, por muchas columnas que se le dediquen al asunto un sábado en El País.
Comprar un ático de lujo para resolver una necesidad transitoria es altamente inverosímil. Las explicaciones dadas por la presidenta de la Comunidad de Madrid son, por tanto, insuficientes.
El ático que se ha comprado la Comunidad de Madrid para trasladar su sede temporalmente no tiene justificación alguna. Podrían haber optado por alquilar o incluso por irse a un edificio vacío o una planta sin uso de las muchas propiedades que tienen
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Nadie está por encima de la ley. Puigdemont es un prófugo de la Justicia. Trabajaremos para que el sistema judicial español, con todas sus garantías, pueda juzgarlo con imparcialidad. La Fiscalía cuenta con el respaldo del Gobierno en la defensa de la Ley y del interés general.