Cero violaciones, cero disturbios, ningún coche quemado, ningún comercio vandalizado. Solo gente disfrutando de algo único 🇪🇸❤️🩹
Viva España, hostias.
Salvador Dalí le encantaba cenar bien.
Grupos grandes.
Mesas largas.
Vinos caros.
Los mejores restaurantes de París y Nueva York.
Y siempre insistía en pagar la cuenta.
Nadie sospechaba nada.
Cuando llegaba el momento de pagar, rellenaba el cheque con el importe total, con calma y elegancia.
Firmaba.
Y entonces, antes de entregárselo al camarero, giraba el papel y hacía un dibujo en el reverso.
Un boceto rápido.
Elefantes.
Caballos.
Figuras surrealistas.
Firmaba debajo.
Y entregaba el cheque al restaurante.
Dalí sabía perfectamente lo que iba a pasar después.
El dueño del restaurante no cobraría el cheque.
Lo enmarcaría.
Lo colgaría en la mejor pared del local.
Un Dalí original, enmarcado, dentro del restaurante.
Valía infinitamente más que cualquier cena.
Todos esos cheques con dibujos fueron guardados.
Y hoy valen una fortuna.
Hay relatos de que hizo esto muchas veces a lo largo de los años, tanto en París como en Nueva York.
En una de las noches documentadas, en el Café de la Rotonde de París, Dalí le pidió una hoja de papel al camarero, dibujó rápidamente un elefante con la trompa levantada, firmó debajo y lo entregó con total naturalidad.
La cuenta estaba pagada.
Y el restaurante había salido ganando.
Lo que hacía Dalí no era solo excentricidad.
Era entender perfectamente que el valor de su presencia y de su firma ya había superado el precio de cualquier menú.
No necesitaba dinero para pagar.
Solo necesitaba un trozo de papel y saber cuánto valía.
Esta presentadora de Canal Red llama racistas al pueblo de Montefrío (Granada), con dos vecinas en estado grave por un ataque en nombre de Alá.
No tienen vergüenza.
Sin fronteras, ni ciudades, ni conflictos. Solo una burbuja de vida suspendida en el vacío infinito. Una canica preciosa. Una esfera frágil y hermosa. Dentro de ella, todo lo que somos, todo lo que tenemos: este hogar.