Lo más cansado de ser adulto para mí es que siempre hay cosas que resolver.
Que estés tranquilo significa que probablemente estás ignorando un millón de cosas en tu lista de pendientes.
Me da risa cuando me dicen “¿y qué hiciste este finde?”, como si hubiera hecho paracaidismo o algún deporte extremo. Tengo 30, fui al súper, lavé ropa, ordené mi cuarto, me tomé un vinito y avancé unos capítulos de mi serie.
Esto va a molestar, pero hay que decirlo: las constelaciones familiares no son una terapia.
Son una pseudoterapia. Y de las peligrosas.
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