Hay lugares donde el dolor se permite sin testigos, sin necesidad de dar explicaciones ni de fingir que ya está resuelto. La ducha, el coche, la almohada a oscuras: espacios donde por fin puedes dejar de sostener la versión de ti que todos esperan ver.
Eso dice mucho de lo poco que dejamos espacio real al duelo ajeno. Preguntamos "¿ya estás mejor?" antes de tiempo, y la persona aprende a esconder lo que todavía le sangra para no incomodar a nadie con su propio dolor.
No tienes que estar mejor en un plazo que otros consideren razonable. El duelo no negocia con calendarios ajenos.
Llora donde necesites llorar. Nadie tiene derecho a ponerle fecha límite a tu dolor.
No he dejado de pensar en ti.
Me gustaría decírtelo.
Me gustaría escribirte que te extraño y lo pienso, pero no te busco. Ni siquiera te escribo, no sé cómo estás y extraño saberlo.
¿Tienes planes? ¿Has sonreído hoy? ¿Qué soñaste? ¿Sales? ¿A dónde vas? ¿Tienes sueños? ¿Has comido? Me gustaría poder encontrarte.
Pero no tengo la fuerza. Y tú tampoco. Entonces nos quedamos esperando en vano. Y pensemos en ello. Y recuérdame.
Y recuerda que pienso en ti, que no lo sabes, pero te vivo todos los días, que escribo sobre ti. Y recuerda que buscar y pensar son dos cosas diferentes. Y yo te pienso, pero no te busco.
— Charles Bukowski