#Bielsa es un señor y pudiendo quemar todo, se va como un señor!Cuida a los jugadores y termina respetando al fútbol uruguayo. 🇺🇾
(Mucho más de lo que lo respeta la nefasta dirigencia de la @AUFOficial , muchos periodistas y ex futbolistas carroñeros).
No empezó el partido y ya me calenté...no alcanza con NO rendir en la cancha q me tengo q fumar esto
@RuglioDelCAP@OficialCAP@AUFOficial NO mezclen con el fútbol.
Gonzalo Moratorio se merece y necesita nuestro apoyo les pido que difundan para que cada uruguayo en cada rincón del País sepa que nos necesita mas que nunca
Y recordemos que nadie esta libre de que le pueda pasar
Por Favor hagan una gran cadena de difusión
@UyPolemica Totalmente de acuerdo con Manini, saquen esa rubia ignorante y ese pelado ridículo haciendo comparaciones qué no tienen nada que ver! Por favor pongan periodistas preparados!!! Es un lindo programa pero a veces dan lastima.las preguntas que hacen
Una vergüenza de los 2 cuadros !!! Yo soy hincha del @OficialCAP y no me representa esa camiseta! Que hagan política con los equipos de fútbol, hemos llegado al colmo!
¡MENTIRA! SÍ ES POLÍTICA
Lo que se vio hace unos días, cuando Nacional y Peñarol salieron a la cancha con la camiseta de “Todos somos familiares” y la margarita, no fue un gesto inocente, ni un homenaje apolítico, ni una defensa desinteresada de los derechos humanos. Es una operación política organizada, tan calculada como obscena. Estas consignas no son una causa de derechos humanos. No son un símbolo universal de justicia. Todo este cotillón de la marcha del silencio es una estrategia de apropiación ideológica, donde se usa una aceitada maquinaria de marketing político FA que durante años ha convertido el dolor en patrimonio partidario, y en una herramienta casi infalible de disciplinamiento social.
¡Por supuesto que es política!. No nos tomen por idiotas. Usar la margarita, el eslogan de “Todos somos Familiares”, y hacerlo justo en la previa de la Marcha del Silencio, no es inocente. Es propaganda frenteamplista, es militancia camuflada. Es el manual de siempre: agarrar una causa legítima, ponerle su sello partidario, y después gritar que el que no aplaude está contra de la causa. Pero no están defendiendo derechos humanos, están defendiendo una marca del FA. No son derechos humanos el encapsulamiento de todo en un combo simbólico innegociable. Nadie va a obligarme a desfilar detrás de un cartel ajeno para demostrar humanidad. Porque los derechos humanos no son propiedad de ningún sector político y menos de uno creado por terroristas, criminales y secuestradores.
Lo que hicieron Nacional y Peñarol es vergonzoso. No tiene otra palabra. Salieron a la cancha con una camiseta que no representa a todos sus hinchas, que no representa al fútbol, y mucho menos representa a la historia que dicen defender. Se dejaron usar como marionetas de una operación política que no se atreven a cuestionar. Se pusieron una camiseta “de otro cuadro” en la espalda. Cambiaron sus colores históricos sin chistar. Como si fueran empleados de un comité de base. Como si no tuvieran ni la más mínima conciencia del lugar que ocupan en el alma de la gente.
¿Y saben qué es lo más triste? Que muchos no lo hacen por convicción sino por miedo a que los acusen de “fachos” si no se suman al circo. Por miedo a quedar fuera de esa maquinaria de corrección política que se los come crudos si se les ocurre decir que el fútbol es de todos. Que es un territorio sagrado, donde no se entra con la bandera de ningún partido. Ni explícita ni implícita.
No solo no lo defendieron. Se arrodillaron. Se entregaron. Y con eso traicionan a sus propios hinchas. Porque el que va a la tribuna no va a marchar por ninguna causa partidaria. Va por su equipo. Va a abrazar a un desconocido que festeja el mismo gol sin preguntarle a quien vota, o si va o no a la marcha del silencio. Eso es el fútbol. Es uno de los pocos lugares donde todavía puede sobrevivir la hermandad entre uruguayos. Y ustedes, dirigentes cobardes, ensucian los colores permitiendo que unos manipuladores metan el dedo en la llaga y partan en dos a la gente, como hace la izquierda con todo lo que toca.
Se prestaron para la manipulación. Les dieron la llave del club a operadores políticos. Se dejaron arrear como ovejas cobardes. Y si no son capaces de decir: “no, esto no es fútbol, es política”, entonces no merecen estar donde están. No merecen el respeto de los hinchas. No merecen ser recordados como dirigentes a la altura de la historia de sus instituciones. Porque no están defendiendo un legado histórico, están haciendo política.
En la cancha hay que salir a ganar. A dejar el alma. A representar a miles que sufren y se alegran con esos colores, a los que buscan en el futbol un refugio de las exigencias cotidianas. Pero cuando cruzaron la línea con esa camiseta que divide en lugar de unir, ya perdieron el partido más importante de un club: el de nunca venderse.