Yo cuando abra el Black Ops 2 y lo cierre en la segunda partida porque me haya dado cuenta de que no echo de menos jugar a Call of Duty, sino ser un niño feliz sin preocupaciones, y que ya nada volverá a ser como antes.
Me bajo del tren en Barcelona y empiezo a flipar con la cantidad de centros de estética para perros, «perruquerías», que veo en el paseo al hotel. Al rato comprendo que «perruquería» es peluquería en catalá y que yo soy un paletazo de la hostia.