Puedes entregarle lo mejor de ti, pero nunca bastará si su corazón espera eso de alguien más. Porque al final el problema no es lo que das, sino de quién viene.
Nadie se baña dos veces en un mismo río, porque para cuando vuelves, agua nueva ha llegado. Así mismo ocurre con nosotros; nadie se encuentra dos veces a la misma persona. Cuando se vuelven a ver, tanto tú como el otro, son personas distintas.