Fun fact: Humans are supersensitive to the smell of rain (the substance geosmin) - the nose needs only 5 molecules per trillion.
For comparison, we detect this smell 200,000 times better than a great white shark senses blood in water.
Why does a human need such a powerful rain detector? What were our cave-dwelling ancestors so afraid of?
What kind of creature came with the rain? Is it still here?!
@cmgorriaran No es que haya cambiado el modelo, lo que ha cambiado son las entradas (inputs) del modelo, que consiste incluye leyes físicas e interacciones químicas.
Quién iba a decir que votar a puteros, corruptos, prevaricadores, incompetentes y vagos porque “peor es que gobierne la derecha” iba a conducir a un país en el que el Gobierno se dedica a insultar a las víctimas por pedirles ayuda.
Cuando hay una catástrofe, el gobierno socialista se comporta con maneras de filántropo: como aquel que, no teniendo la obligación de ayudar, lo hace por razones de bonhomía. Los votantes socialistas, acostumbrados a aplaudir con apesebrado agradecimiento conceptos como "gratis" y "condonación de deuda", olvidan que los políticos son los representantes de nuestra soberanía y los gestores de nuestro dinero y, por lo tanto, que lo mínimo que se les puede exigir es que no lo roben o que no lo utilicen de manera fraudulenta para atraer voluntades.
Por eso, la asistencia a los ciudadanos afectados por una tragedia no constituye un acto de generosidad del poder, sino el cumplimiento de una obligación inherente al Estado. Cada euro destinado a paliar los daños no procede del patrimonio personal de un ministro ni de la benevolencia de un partido político, sino del esfuerzo fiscal de millones de contribuyentes. Presentar la ayuda como una concesión graciosa del poder es propaganda propia de regímenes absolutistas o totalitarios.
Cette photo mérite absolument tous les prix. Elle a même sa place au Louvre.
Elle relate précisément l’inertie de l’individu face à l’effondrement.
Regardez la composition. Un chef-d’œuvre involontaire.
Au premier plan, le sable doré, les tongs abandonnées, la glacière. Le décor ordinaire du bonheur estival. Deux personnages assis, de dos, comme dans un tableau de Caspar David Friedrich. Sauf que Friedrich peignait des hommes contemplant le sublime. Ici, ils contemplent la catastrophe. Et ils ne bougent pas.
Au centre, le parasol. Publicitaire, criard, dérisoire. Un pastis face à l’apocalypse. C’est presque trop parfait : la France qui prend l’apéro pendant que le monde brûle. Aucun scénariste n’aurait osé.
Et puis le ciel. Les deux tiers de l’image. Cette muraille de fumée qui avale la lumière, ce dégradé d’ocre et de noir digne d’un Turner. La nature qui reprend la palette des maîtres pour peindre notre propre fin.
La femme photographie l’incendie avec son téléphone. Mise en abyme totale : nous documentons notre disparition au lieu de l’empêcher.
Cette image dit tout. Le déni, le confort, l’habitude. Nous sommes tous sur cette plage. Nous voyons tous le nuage. Et nous restons assis, parce que l’eau est bonne et qu’on a posé nos congés.
Les historiens de l’art parleront un jour de cette photo comme on parle du Radeau de la Méduse.
Sauf que cette fois, le naufrage, c’est nous qui le regardons depuis la plage.
💔🌍
@CarlosDezaDeza@el_pais El de Burgohondo continúa sumando hectáreas. Parece que no se va a fusionar con el del suroeste de Madrid, que sí es la unión de otros dos. Los madrileños no habíamos visto nada así.
@cmgorriaran No creo que ni siquiera el uno por ciento haya leído "La Odisea". Ni siquiera entre quienes presumen de cultos es una lectura habitual, lo tengo comprobado. No hablo de versiones para niños.