Me da pánico la fragilidad de los lazos humanos. Un malentendido, un orgullo herido, un mensaje sin responder. Y algo que tomó años construir se desmorona en un segundo.
Sea cual sea el marcador final, la Selección Mexicana, en esta ocasión, hizo lo que ninguna otra había hecho en la pinche vida.
Ya ganaron todo esos weyes.
Nunca juzgaré a una persona que se rompe y comienza a llorar por algo pequeño, porque sé muy bien que no está llorando solo por eso, sino por todo lo que ha estado aguantando hasta ese momento.